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viernes, 25 de junio de 2010

La alegría de vivir sin culpa

En Tailandia, las sonrisas y las flores de loto son parte de la cultura nacional.
El Cuarto Ojo

Recientemente tuve la oportunidad de visitar el sudeste asiático, concretamente Tailandia, y observé una característica en su gente que merece analizarse.

En la cultura tai, amar lo que uno hace y elegir vivir cada día con alegría es visto como un valor social en sí. Los tailandeses tienen una actitud no culpable hacia la alegría, y eso es tan importante que han inventado una palabra para definirla: sanuk (algo así como ponerle alegría a lo que se hace).

Parte del atractivo que ha vuelto a Tailandia un destino turístico muy frecuentado es la hospitalidad de su gente. Esa hospitalidad tiene que ser, al menos en parte, la consecuencia de vivir la vida con alegría.

Me causó impresión ver una ciudad como Bangkok, de ocho millones de habitantes, con una sencilla alegría de vivir en sus rostros. Ese país es una tierra de sonrisas. Auténticas.

El fondo del asunto
En este punto, algunos lectores podrán pensar que estoy basándome en estereotipos o las impresiones alteradas que dejan las visitas cortas a un lugar. Pero si vemos el fondo de las raíces culturales tailandesas, se podría argumentar que sus sonrisas son en parte consecuencia de una práctica budista bien llevada. El budismo en su variante
Theravāda que se practica en ese país pone énfasis no tanto en el cumplimiento de las reglas, sino en la capacidad del ser humano de conectarse con su lado noble.

Hay religiones que piden cosas virtualmente imposibles de cumplir para la mayor parte de la gente, como que el sexo solo debe ser para reproducirse o que hay que participar de las ceremonias religiosas. El problema de las reglas que reprimen la naturaleza humana es que pueden dar a entender que obrar mal es inevitable. Muchos han malinterpretado la filosofía de perdón y compasión de Jesús, y la han convertido en un salvoconducto para obrar mal y después arrepentirse.

En contraste, el concepto de karma del budismo dice que la energía negativa de nuestras malas acciones se acumula en nosotros mismos. Pero de la misma manera, las buenas acciones y el amor generan una vibración positiva que purifica lo que dejan las malas acciones. El budismo motiva a las personas a actuar bien, pero usa un sistema positivo de motivación.

Diferentes visiones
El problema de las religiones que disuaden el mal con la amenaza de un infierno es que el mundo moderno nos ha vuelto escépticos y mucha gente simplemente ya no cree que exista un infierno. Somos una civilización que mantuvo cierto orden mientras duró su miedo. Y de pronto entramos en crisis de valores. Comparado con los países budistas, los occidentales somos actualmente muy poco espirituales.

Al otro lado del mundo, Sidarta Gautama, el creador del budismo, más que un líder religioso fue un estudioso de la naturaleza humana que hizo un excelente trabajo para saber qué debe y qué no debe exigir una religión. El budismo no combate la naturaleza humana; se adapta a ella.

Cuando portarse bien deja de ser una obligación, se vuelve un ejercicio de felicidad. ¿Y quién no quiere ser feliz? Cuando ayudar se convierte en una satisfacción espiritual interna, deja de ser necesario el sacrificio. Cuando en lugar de pedirnos que vivamos sacrificándonos, una religión nos enseña que ser feliz es en sí algo positivo (y no algo para sentirse culpable), esa religión deja de ser percibida como algo caduco. En Tailandia me encontré con muchos intelectuales y gente joven que respetan y admiran la lógica detrás del budismo, y de hecho llevan vidas espirituales.

¿Conclusiones?
Sin necesidad de convertirnos al budismo, propongo que aprendamos de la funcionalidad de un modelo que pone más énfasis en la ética de fondo y menos en la formalidad y el cumplimiento de reglas. Después de todo, Jesús habló de compasión con quienes dependen de nosotros. Y los registros históricos lo sitúan como un adelantado a su tiempo que reivindicó el amor por encima de reglas y complicados ritos. Los tiempos modernos exigen una ética más auténtica. Es hora de hacer una revisión profunda de nuestros valores.

Texto retirado de: eluniverso.com

viernes, 28 de agosto de 2009

La existencia de realidades paralelas

Todos los fenómenos paranormales indican la existencia de realidades más allá de lo que perciben nuestros ojos. Cada vez hay más evidencia que documenta la idea de que lo que vemos y oímos no es lo único que existe.

La última etapa de la vida de Carl Jung, uno de los padres de la psicología actual, estuvo llenas de atrevidas teorías sobre la naturaleza humana, conceptos revolucionariamente místicos frente a lo que la ciencia del siglo XX aceptaba en ese entonces.

De estas teorías, la más significativa es posiblemente el "principio de sincronicidad", según el cual existe un orden universal dentro del cual hay realidades paralelas en la que nuestras vidas también se desenvuelven.

Según esta teoría, las coincidencias son muchas veces señales provenientes de otros planos de realidad que se expresan a través de situaciones que rompen las leyes de las probabilidades.

"Las coincidencias no existen" ha llegado a ser un dicho popular repetido por las abuelitas, pero una cosa muy distinta es que un científico de la talla de Jung haya dicho que cuando estamos pensando en alguien y de pronto esa persona llega puede muy bien ser una señal proveniente de otra dimensión.

En su libro "Sincrodestino", el médico hindú Deepak Chopra va un paso más allá y dice que a menudo lo que percibimos como coincidencias son señales que pueden traer mensajes codificados sobre nuestro destino y deberíamos ponerles atención pues muchas veces son directrices que vienen de un orden superior.

Qué dice la ciencia

La física moderna ha descubierto comportamientos de la materia muy difíciles de explicar para el sentido común.

Paradojas con el espacio y el tiempo que ponen de relieve que estas dos constantes que rigen nuestras vidas no son tan invariables como solemos pensar.

Pero muchos científicos rechazan la idea de que exista nada más fuera de lo que perciben los sentidos.

Sin embargo, se está creando un consenso en la ciencia en el sentido de al menos aceptar que sí hay algo más allá de la materia.

El siguiente paso es empezar a entender este mundo totalmente nuevo por descubrir. Las filosofías orientales tienen complejas teorías sobre la naturaleza de las cosas.

Los seres vivientes son percibidos como entidades totalmente conectadas y entrelazadas al nivel de otros planos de existencia en una sola entidad divina.

El concepto budista de la divinidad se parece más al de una fuente de energía irradiante de amor que se encuentra en el interior de cada individuo, que al de un ser bíblico todopoderoso.

La mayoría de las civilizaciones de la antigüedad aceptaban que todos los seres vivientes estamos de hecho entrelazados por conexiones transpersonales.

En la actualidad la tendencia es a realizar cada vez más experimentos que pongan a prueba todas esas aparentes violaciones de las leyes de la física.

En el área de la exploración de la conciencia, Guy Playfair, autor del libro "Telepatía en los gemelos", cita un experimento realizado frente a cámaras de televisión en 1997 en el que se tomó parejas de hermanos gemelos y luego de separarlos se infringía sensaciones de dolor o susto en uno de ellos y el otro reportaba inmediatamente cambios en su presión sanguínea y ondas cerebrales.

Abrir la mente

Hoy pocas personas siguen creyendo que lo que perciben sus sentidos es lo único que existe. El debate es qué, de entre todo lo que se habla, es cierto y qué es charlatanería.

Es un hecho que muchas personas han tenido experiencias paranormales, pero existe cierta presión social para no darles demasiada importancia.

Los fenómenos paranormales han sido tan explotados comercialmente que hoy sufren de gran descrédito en la sociedad.

Pero si abrimos un poco la mente con no mucha dificultad podemos concluir que los psíquicos, los lectores de tarot, los acupunturistas y los shamanes, cuando son auténticos, son simplemente personas capaces de moverse con cierta destreza en otros planos de existencia.

La clave parece ser despojarse de miedos y empezar a ejercitar la habilidad de desenvolverse en otras esferas, manteniendo una mente crítica lista para desenmascarar los embustes.

Mientras más pronto nos decidamos a cruzar sin prejuicios los puentes que la vida nos tiende hacia conocer otras realidades, más pronto sabremos desenvolvernos en otros planos de existencia y eso nos volverá más sabios y fuertes.

Texto retirado de: www.elcuartoojo.com.

jueves, 6 de agosto de 2009

El respeto hacia la vida


El respeto a todas las formas de vida es una tendencia que refleja la nueva sensibilidad de los tiempos.

La amenaza de desastres naturales está logrando que nuestra civilización empiece, a punta de miedo, a respetar el medio ambiente.

Pero la verdadera lección del calentamiento global debería ser que si queremos vivir en equilibrio es necesario, como civilización, empezar a practicar un genuino respeto hacia las otras formas de vida en el planeta.

En el año 1886, la Corte suprema de EEUU extendió los derechos humanos a las corporaciones, reconociendo así a las empresas el derecho a la vida, a la libre expresión, a la privacidad y a todo lo demás, como si éstas fueran seres vivientes.

Si el sistema legal más prestigioso del mundo ha reconocido derechos a las corporaciones, ¿qué tan descabellado podría ser extender los derechos de las personas al medio ambiente y a los animales?

Maltrato animal

En la industria alimenticia, vacas, gallinas, pavos y cerdos son hacinados en minúsculos espacios sin capacidad de moverse, sin luz solar ni aire fresco, sobrealimentados hasta volverlos obesos y muchas veces sumidos en sus propios excrementos.

Como cualquier industria, la alimenticia ha perfeccionado la técnica de la minimización de costos y maximización de productividad, en este caso a costa del sufrimiento animal.

En la industria textil, hacer cuero y pieles conlleva vidas en cautiverio en condiciones inhumanas y todavía se ven prácticas abominables como despellejar a los animales mientras agonizan.

Este tipo de excesos podrían reducirse si existieran en el mundo leyes que limiten la crueldad contra los animales, pero desafortunadamente el gran poderío económico de las corporaciones que hacen negocio de esto ha sabido comprar la complicidad de los gobiernos, aun en los países desarrollados.

Con respecto a las pruebas con animales en laboratorios, que hoy se sabe llegan a extremos inimaginables de crueldad, se ha demostrado hasta la saciedad que tienen sustitutos quizás más costosos pero menos inhumanos.

Prueba de ello es el cada vez mayor número de productos que llevan impresos en sus etiquetas que no se han realizado pruebas con animales.

Luego de haber domesticado perros y gatos y volverlos seres indefensos en la ciudad, nuestras sociedades rehuyen el deber de auxiliar a aquellos que están perdidos en la selva de cemento.

En la industria del entretenimiento, ahora mismo hay gente que considera un espectáculo ver cómo un hombre armado mata a un toro.

Zoológicos y traficantes de animales silvestres insisten en apartar a estos seres indefensos de sus hábitats naturales donde han vivido en paz durante millones de años.

Delfines, tigres y otros animales de circos y acuarios son encerrados y forzados a actuar en formas no naturales con el propósito de entretener.

El planeta en que vivimos es un complejo ecosistema que tiene vida propia y todo indica que nuestro usufructo de él ya se pasó de la raya.

¿Soluciones?

Quienes se rebelan ante el hecho de que nos hayamos convertido en los grandes torturadores del planeta tratan de difundir la noticia de que en la mayoría de los casos mencionados no hay realmente una necesidad vital de infringir sufrimientos, contrario a lo que nos han hecho creer.

Afortunadamente, la humanidad está viviendo una progresiva sensibilización, sobre todo en las nuevas generaciones, que implica una renovada actitud de respeto hacia la vida, y es este proceso el que eventualmente nos podrá alejar de la barbarie, la guerra y la injusticia.

Hoy sabemos que el planeta está allí para amarlo e interactuar con él; no para exprimirlo hasta agotarlo.

Estamos evolucionando, y así como a nuestros antepasados les costó aceptar que no se debe explotar a los otros seres humanos, nosotros estamos empezando a aprender que todas las formas de vida merecen respeto.

Los próximos años verán cambios en las legislaciones a nivel mundial para adaptarse a la nueva sensibilidad de los tiempos.

En este momento, un pequeño país sudamericano llamado Ecuador está deliberando reconocer los derechos del medio ambiente y los animales en su nueva constitución, lo que lo convertiría en un país pionero a la hora de formalizar legalmente una tendencia que posiblemente sea la que nos transforme realmente en la especie civilizada de este planeta.

Texto retirado de: www.elcuartoojo.com.


jueves, 23 de julio de 2009

Entendiendo a Deepak Chopra y los demás


¿Qué tienen en común Deepak Chopra, Paulo Coelho y Brian Weiss?

 

Hay una avalancha de autores que tratan el tema de los valores humanos desde una perspectiva no religiosa pero profundamente ética. Y aunque la ética no suele ser considerada un tema comercial, los libros de estos autores son best-sellers. ¿Por qué? 
Estos no son precisamente los llamados libros de autoayuda que han circulado en las últimas décadas. Estos son libros de filosofía. ¿Libros de filosofía best sellers? Hay algo raro aquí.


 

Un planeta confundido

 

Para entender este fenómeno, empecemos por decir que en el mundo se está imponiendo un ideal de libertad que hace que las reglas sobre el sexo y los placeres hayan dejado de existir para mucha gente.

 

La publicidad y la cultura pop no han hecho más que alimentar ese ideal de “sé libre, sé feliz” a un nivel sin precedentes en la historia de la humanidad, pero sin dar al ser humano los elementos necesarios para saber usar esa libertad.

 

El hecho de que haya tanta gente viviendo sin importarle lo que está mal o lo que está bien es un indicador de tiempos de caos moral.

 

Lo interesante es que a la hora de plantear soluciones a este caos, la humanidad está dividida. Unos quieren regresar a los valores tradicionales u otro tipo de moralidad con reglas. Pero otros –como los autores mencionados-- piensan que estamos listos para dar un salto como especie.

 

El salto como especie consiste en pasar de la esfera de las reglas a la esfera de los principios. “No mentir” es una regla. “No hacer daño” es un principio.

 

Las religiones tradicionalmente han preferido la seguridad de las reglas ante la posibilidad de que la gente no sepa interpretar correctamente los principios.

Según los autores mencionados al inicio, cuando el ser humano se conecta con el lado superior de su ser, no es tan difícil que obre bien, y sus libros se dedican a enseñar cómo hacerlo.

 

En estos tiempos en que nadie en el mundo parece estar interesado en seguir reglas, esta aproximación al problema resulta muy oportuna.


 

La filosofía del futuro

 

Hay una extraña coincidencia entre el ideal de felicidad y libertad que promete la publicidad en el mundo de hoy y la avalancha de libros que ofrecen enseñar a la gente cómo ser libres y felices. Deepak Chopra ha vendido 20 millones de copias de sus libros.

 

Y si sumamos a los otros autores mencionados, llegamos a decenas de millones de libros hablando de lo mismo. ¿Es coincidencia que tanta gente esté leyendo las mismas ideas?

 

Estos autores proponen un estilo de vida responsable pero alejado de reglas y dogmas absolutos. Todos estos autores hablan de un concepto de dios que habita en el interior de cada ser humano en forma de energía amorosa.

 

Coinciden en que los actos nobles pueden llevar a un éxtasis más satisfactorio que las satisfacciones materiales. Recomiendan un estilo de vida en contacto con la naturaleza, rodeado de personas con quienes existe simpatía y confianza.

 

Endosan un estilo de vida solidario y fiel a sus propios principios. Ellos coinciden en que todo lo que importa está en el interior de cada persona, y el secreto de la vida está en que cada uno descubra la fuente de felicidad en su interior.


 

Una nueva especie

 

Es posible que el mundo lentamente esté avanzando hacia un modelo de sociedad en la que los individuos están cobrando conciencia de su rol como defensores del planeta de quienes insisten en destruirlo.

 

Es posible que tanta lectura de este tipo esté empezando a crear una nueva especie de seres humanos –pocos aún-- sin fundamentalismos religiosos o políticos.

 

Un ser humano más inteligente, más evolucionado, no tan estancado en la “forma” de las cosas sino más interesado en la esencia de ellas.

 

Es posible que aquel ideal romántico de un futuro con seres “superevolucionados mentalmente” no esté tan lejos.

 

Curiosamente, hay profecías ancestrales de los Mayas y de los Hindúes, así como predicciones astrológicas, que pronostican un cambio en la conciencia de la humanidad a inicios del sigo 21. Pero ese es tema de otro artículo.

 

 

Reflexiones adicionales

 

Un punto importante que cabe analizar es hasta qué punto autores como Deepak Chopra o Paulo Coelho son auténticos y consistentes con sus creencias. ¿Es consistente que alguien que proclame que lo material no es lo más importante sea tan millonario?

 

Una persona que tenía planes de llevar a Deepak Chopra a su país me decía lo decepcionada que se había sentido cuando le informaron que una presentación de Chopra costaba más de cien mil dólares. “Si el hombre de verdad fuera un humanista, debería ser más considerado con lo que cobra”, fue el comentario de mi amiga.

 

Recuerdo haber estado en muchas conversaciones en las que se cuestiona al místico hindú Osho por haber tenido entre sus bienes mansiones, automóviles de lujo y demás accesorios innecesarios, cuando existe tanta necesidad en el mundo. Conozco gente que piensa que Paulo Coelho es un mercantilista de las letras que simplemente descubrió una fórmula vendedora y dedicó el resto de su vida a repetirla y a llenarse de dinero.

 

En la mayoría de los casos, discrepo con estas críticas y voy a explicar por qué. Parte de nuestra dualidad dios-animal es precisamente ser animal. Nuestro lado animal está equipado para gozar de las satisfacciones materiales, y eso no es en sí criticable.

 

Lo que es criticable es la poca disposición de mucha gente a compartir lo que tiene, pero la riqueza en sí no puede ser criticable. Demuestra vacuidad de espíritu tener al dinero como el objetivo de la vida, pero aceptar el dinero como un medio para tener más confort y llevar una vida más libre no creo que debería ser criticable. Dentro de cada ser humano existe un lado animal y un lado divino, y la única manera de tener un equilibrio saludable es no reprimir ni negar ninguna de las dos partes. Negar nuestro lado animal es casi tan peligroso como negar nuestro lado divino.

 

Lo que a veces ocurre es que ciertas personas evolucionan espiritualmente a un nivel tal que las satisfacciones materiales pasan a un segundo plano frente a las profundas satisfacciones espirituales que se pueden llegar a alcanzar. Aquí tenemos a médicos que no cobran, a personas que consagran su vida a ayudar a los demás genuinamente sin estar nunca interesadas en obtener nada a cambio. A eso es lo que se puede llamar un ser de luz. Para ser un ser de luz no basta ayudar: se trata de ayudar sin que esto sea una obligación. Sólo cuando la fuerza del amor es tan poderosa que literalmente produce a la persona satisfacción ayudar, se puede hablar de un ser de luz.

 

 

Seres de luz

 

Personas como la Madre Teresa, Gandhi o Jesucristo fueron sin duda personas con un grado de evolución tal que trascendieron las satisfacciones materiales. Pero ese es un proceso muy personal que cada individuo vive a su propio ritmo.

 

No se puede decir que porque alguien no haya llegado al nivel de ellos necesariamente sea un hipócrita. De hecho, lo que tienen en común Deepak Chopra, Osho y Paulo Coelho es que son excelentes comunicadores y tienen el gran mérito de haber llevado a muchísima gente conceptos muy sencillos de manera extremadamente clara. Pero eso no quiere decir que tengan que ser seres de luz. De hecho, no hace falta ser un ser de luz para comprender y aceptar los principios proclamados por ellos.

 

Desapegarse de lo material es un proceso largo en la evolución de cada individuo (según el budismo, es un proceso que se extiende de una vida a otra). Sublimar por completo la necesidad de satisfacciones materiales es uno de los últimos pasos en la evolución de un ser humano, pero pretender que sólo quienes han llegado al máximo escalafón son personas de valor equivale a descalificar injustamente a personas que llevan vidas de bien pero todavía son sensibles a los estímulos materiales.

 

Es más, creer que es indispensable ser un ser de luz para ser virtuoso da pie a la creación de reglas que pueden dar lugar –ahí sí— a una doble moral.

 

Es algo similar a lo que ocurre con el sexo. El sexo es una actividad perfectamente natural, enmarcada dentro de nuestro lado animal. Pero siempre va a haber ciertas personas que han evolucionado mucho y logren sustituir las satisfacciones sexuales por satisfacciones mucho más profundas y dejen de lado el sexo. Pero, nuevamente, es un proceso muy personal que cuando es dirigido o impuesto, corre el riesgo de convertirse en una conducta sin sustento de fondo.

 

Nunca entendí cómo es posible que chicos jóvenes que estudian para sacerdotes, tengan que realizar un voto de castidad cuando en la mayoría de los casos siquiera ha satisfecho su natural curiosidad por el sexo. No es de extrañar que haya cada vez más casos de sacerdotes que abusan sexualmente de sus fieles. No estoy diciendo que esto le ocurre a todos los sacerdotes que hacen el voto de castidad. Hay algunos que de verdad están preparados para ello, y hay muchos otros muchos que a punta de sacrificio logran controlar su deseo sexual. Pero mi punto es que la castidad tiene más sentido cuando no es una obligación sino algo que surge de adentro.

 

 

Entendiendo los apegos

 

Un punto que los autores de los que hemos venido hablando suelen coincidir es advertirnos contra los apegos. Los apegos más comunes del ser humano son, oh casualidad, los bienes materiales y el sexo. Aprender a detectar los apegos es una habilidad que posiblemente quienes mejor la practican son los budistas. El budismo basa parte de su filosofía en que el origen del sufrimiento humano está en la forma en que reacciona nuestra mente frente a las necesidades no satisfechas. Por eso, aprender a detectar los apegos es una muy útil herramienta para ser más fuerte que ellos.

 

Volviendo al tema inicial, el hecho de que estos autores se hayan enriquecido con sus libros o cobren cuantiosas sumas para hablar en público podría significar que no han llegado al tope de su evolución espiritual, pero eso no necesariamente los descalifica como divulgadores de conocimiento útil.

 

Yo estaría más pendiente de si han modificado su postura filosófica para vender más libros, porque eso los haría personas falsas. O si son incapaces de compartir su conocimiento con gente de pocos recursos. O si son víctimas de excesivos apegos a lo material, que no creo sea el caso. Los autores mencionados son conocidos por invertir su dinero en difundir el conocimiento por el mundo.

 

Tener dinero no equivale a estar apegado a él. Como todas las cosas en la vida, no es tan importante lo que hagamos sino cómo las hagamos. La forma no es tan importante como el fondo. Esa es precisamente la ética propuesta por estos autores: una ética basada en una conducta responsable y un compromiso --de fondo, no de forma-- con los valores positivos del ser humano.


Texto retirado de: www.elcuartoojo.com.

lunes, 13 de julio de 2009

Tras la pista de lo esotérico



La palabra esotérico puede evocar gitanas leyendo la bola de cristal. O brujería, o los horóscopos. La palabra esotérico, tan usada y abusada, es mucho más que eso. 
Para muchas personas, esotérico es algo oculto, lo cual es correcto pero no es la definición original. En su origen griego, esotérico significa simplemente lo contrario de exotérico. ¿Y qué es exotérico?
Lo exotérico y lo esotérico son diferentes formas de resolver los dilemas existenciales; diferentes formas de encarar la espiritualidad. Hay religiones esotéricas y religiones exotéricas.

Las esotéricas dicen que las respuestas están en el interior de cada ser humano. Las exotéricas hacen hincapié en la fe a una doctrina externa (“exotérico” tiene la misma raíz de “externo”).
El Cristianismo, el Judaísmo y el Islam son religiones exotéricas. El Budismo y el Hinduismo son esotéricas. La astrología es esotérica, y por eso muchos astrólogos encuentran trivial y poco válida la “exoterización” de la astrología que se ve en los horóscopos de periódico.
De hecho, el término “esotérico” ha caído en desprestigio a causa de tantos inescrupulosos engaña-crédulos, pero el concepto original de la palabra esotérico poco tiene que ver con el curandero que recorre pueblos o con la adivina que lee la mano.
El esoterismo es más un camino de realización espiritual basado no tanto en la fe y en el sacrificio, sino en técnicas para “encontrarse” en el foro interno.
Si la consigna exotérica es “Ten fe en que tu profeta se comunicó con Dios”, la consigna esotérica sería “Aprende a comunicarte tú mismo con Dios”.

Para las disciplinas esotéricas más multitudinarias del planeta, el Budismo y el Hinduismo, el camino para “comunicarse con Dios” es la meditación.
Acercando los dos extremos
Las escuelas esotéricas suelen ver a los exotéricos como personas abrumadas de reglas y alejadas de la búsqueda interior. Pero los exotéricos suelen desconfiar de la falta de certeza que implica el conocimiento esotérico, y prefieren la seguridad de las reglas y doctrinas.
El exoterismo no exige a sus seguidores encontrar la realización interior; sólo les exige fe. Pero para los esotéricos, la fe es un proceso cognitivo que poco tiene que ver con la verdadera experiencia interior.
Según la escritora Juli Peradejordi en su ensayo Jesús hablaba Arameo, el alma del cristiano siente constantemente una especie de sed de experiencia interior, y eso podría explicar por qué muchas personas que se llaman religiosas sucumben con facilidad a las satisfacciones superficiales y al materialismo.
¿Y Jesús? ¿Era Jesús exotérico o esotérico? Si observamos la línea del Cristianismo, parecería que Jesús fue un profeta exotérico.
Pero según Paradejordi, más de una vez las palabras de Jesús han sido “adaptadas” al dogma exotérico, y asegura que Jesús fue un rebelde que trató de “esoterizar” un poco a una tradición judía exotérica, pero evidentemente no lo logró.
Un cambio energético

Las personas iniciadas en las tradiciones esotéricas por lo general han sido renuentes a compartir con personas no preparadas su filosofía.
De ahí la asociación del término esotérico con “lo oculto”. Pero ya no es así. Hay algunas profecías antiguas que dicen que alrededor del cambio de siglo que acabamos de pasar, la humanidad experimentaría un profundo cambio, que se podría resumir como una transición gradual de lo exotérico a lo esotérico.
La tendencia de la humanidad de alejarse de las religiones y abrazar tipos de espiritualidad más personales podría ser evidencia de un cambio.
La astrología dice que la era de Acuario (que empezó hace pocas décadas) es una transición de la era de la fe a la era del entendimiento. Hay profecías egipcias, tibetanas, nativo americanas, entre otros que hablan de lo mismo.
Y existe en particular una profecía maya que anuncia que cuando acabe este ciclo calendárico (Año 2012), los sistemas de creencias guiados por el miedo en el mundo darán paso a formas de espiritualidad guiadas por el amor.
Parece un sueño utópico, pero según algunos, es algo que ya está empezando a ocurrir.

Texto retirado de: www.elcuartoojo.com.
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