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domingo, 3 de abril de 2011

Alma de peregrino


Por Paulo Coelho 

El Alquimista

Viajar es descubrir

“Procure viajar solo o si está casado, con su cónyuge. Le dará más trabajo, nadie lo cuidará, pero solo de esta manera podrá realmente salir de su país”.

Desde muy joven descubrí que el viajar era, para mí, la mejor manera de aprender. Continúo hasta hoy con este alma de peregrino, y decidí relatar en esta columna  algunas de las lecciones que aprendí, esperando que puedan ser útiles a otros peregrinos  como yo.

Evite los museos El consejo puede parecer absurdo, pero vamos a reflexionar un poco juntos: si usted está en una ciudad extranjera, ¿no es mucho más interesante ir en busca del presente que del pasado? Sucede que las personas se sienten obligadas a ir a museos porque aprendieron desde pequeñas que viajar es buscar ese tipo de cultura. Es claro que los museos son importantes, pero exigen tiempo y objetividad. 

Frecuente los bares Allí, al contrario de los museos, la vida de la ciudad se manifiesta. Bares no son discotecas, sino lugares adonde la gente va, toma algo, piensa en el tiempo y está siempre dispuesta para una conversación. Compre un diario y quédese contemplando el movimiento del local. Si alguien inicia un tema, por más bobo que sea, acepte la charla.

Esté disponible El mejor guía de turismo es alguien que vive en el lugar, conoce todo, está orgulloso de su ciudad, pero no trabaja en una agencia. Salga por la calle, elija a la persona con quien desea conversar y pídale informaciones (¿dónde queda tal catedral? ¿dónde está el correo?) Si no resulta, pruebe con otra; le garantizo que al final del día habrá encontrado una excelente compañía.

Procure viajar solo O si está casado, con su cónyuge. Le dará más trabajo, nadie lo (o los) cuidará, pero solo de esta manera podrá realmente salir de su país. Los viajes en grupo son una manera disfrazada de estar en una tierra extranjera, pero hablando su lengua natal, obedeciendo a lo que manda el jefe del rebaño, preocupándose más con las murmuraciones del grupo que con el lugar que se está visitando.

No compare No compare nada –ni precios, ni limpieza, ni calidad de vida, ni medios de transporte, ¡nada!- Usted no está viajando para probar que vive mejor que los otros; su búsqueda, en verdad, es saber cómo los otros viven, lo que pueden enseñar, cómo se enfrentan con la realidad y con lo extraordinario de la vida.

Entienda que todo el mundo le entiende Aunque no hable el idioma, no tenga miedo: ya estuve en muchos lugares donde no había manera de comunicarme a través de las palabras y siempre terminé encontrando apoyo, orientación, sugerencias importantes, y hasta aventuras amorosas. Algunas personas creen que, si viajan solas, saldrán a la calle y se perderán para siempre.

No compre mucho Gaste su dinero en cosas que después no tendrá que cargar: buenas obras de teatro, restaurantes, paseos. Con el mercado global e internet, puede tener todo sin necesidad de pagar exceso de equipaje.

No intente ver el mundo en un mes Más vale quedarse en una ciudad cuatro o cinco días, que visitar cinco ciudades en una semana. Una ciudad es una mujer caprichosa, necesita tiempo para ser seducida y mostrarse completamente.

Un viaje es una aventura Henry Miller decía que es mucho más importante descubrir una iglesia de la que nadie oyó hablar, que ir a Roma y sentirse obligado a visitar la Capilla Sixtina, con doscientos mil turistas gritando. Vaya a la Capilla Sixtina, sí, pero también déjese perder por las calles, intérnese en las callejuelas, sienta la libertad de estar buscando algo que no sabe lo que es pero que -con toda seguridad– encontrará, y cambiará su vida.
Texto retirado de: La Revista

viernes, 1 de abril de 2011

FATALIDAD Y LIBRE ALBEDRÍO

Antes del regreso a la experiencia en el Plano Físico, nuestra alma en oración ruega al Señor la concesión de la lucha para el trabajo de nuestro propio reajuste.

Solicitamos la reaproximación de antiguos adversarios.

Imploramos el retorno al círculo de obstáculos que nos presenció la derrota en romerías mal vividas...

Suplicamos la presencia de verdugos con quienes cultiváramos el odio, para intentar la cultura santificante del amor...

Pedimos sea llevado de nuevo a nuestros labios el cáliz de las pruebas en que fracasamos, esperando ejercitar la fe y la resignación, la paciencia y el valor. . .

Y con la intercesión de variados amigos que se transforman en confiantes avalistas de nuestras promesas, obtenemos la bendición de la vuelta.

Efectivamente en tales circunstancias, el esquema de la acción surge trazado.

Somos herederos de nuestro pretérito y, en esa condición, construimos nuestros propios destinos.

Entretanto, imantados temporalmente al vehículo terrestre, acariciamos nuestras antiguas tendencias de fuga al deber ennoblecedor.

Instintivamente, tornamos, despreocupados, a la casa de ventajas físicas, de caprichos perniciosos, de mentiroso dominio y de nefasto placer.

El egoísmo y la vanidad acostumbran retomar el timón de nuestro destino y abominamos el sufrimiento y el trabajo, como si nos fuesen duros verdugos, cuando solamente con el auxilio de ellos conseguimos volver a erguir el corazón hacia la victoria espiritual a que somos dirigidos. Es, por eso, que fatalidad y libre albedrío coexisten en los mismos ángulos de nuestra jornada planetaria.

Generamos causas de dolor o alegría, de salud o enfermedad en variados momentos de nuestra vida.

El mapa de regeneración vuelve con nosotros al mundo, consonante a las responsabilidades por nosotros mismos asumidas en el pretérito remoto y próximo; con todo, el modo por el cual nos libramos de los efectos de nuestras propias obras facilita o dificulta nuestra marcha redentora en la senda que el mundo nos ofrece.

Aceptemos los problemas y las inquietudes que la Tierra nos impone ahora, atendiendo a nuestros propios deseos, en la planificación que ayer organizamos, fuera del cuerpo denso, y tengamos cautela con el modo de nuestra movilización en el campo de nuestras propias tareas, porque, conforme a nuestras directrices de hoy, en la preparación del futuro, la vida nos ofrecerá mañana paz o lucha, felicidad o prueba, luz o tiniebla, bien o mal.
Pintura de: T. S. Abe
Tomada del blog Recogedor 
Por el espírituEmmanuel
Texto tomado del: 
Libro "
NACER Y RENACER
".

martes, 29 de marzo de 2011

APRENDER Y RECTIFICAR

No hay experiencia sin precio.


Todo en la vida corresponde a cierto resultado.


Por eso mismo, conocemos en el mundo el verbo aprender y el verbo rectificar.


La escogencia determina el trabajo.

El trabajo mide las cualidades del espíritu.

Un hombre demandará un diploma universitario que le confiera derecho al ejercicio en esa o en aquella profesión liberal.

Con semejante designio, sin embargo, no alcanza la meta a costa de expectación y votos ardientes.

El programa a realizarse requiere estudio, con largos gastos de actividad y atención.

Años al hilo son gastados naturalmente en disciplina, hasta que el láureo le consagre la tarea.

Es eso aprender verdaderamente.

Pero, si el profesional abusa del título conquistado para herir a los demás, es justo que asuma compromisos ante la vida que solamente en la labor de la expiación conseguirá redimir.

Tenemos aquí el reajuste en acción, obligando a la criatura a una genuina rectificación.

Delante del sufrimiento, es imperioso olvidar la antigua noción del crimen y castigo, porque la evolución no aparece en el canal de la gratuitidad.

Rehacimiento es reequilibrio.

Toda educación pide renuncia y todo perfeccionamiento ruega servicio.

La paz verdadera nunca fue premio a la ociosidad.

Todas las grandes realizaciones claman por grandes luchas.

En razón de eso, si es cierto que resarciremos con más trabajo los beneficios de la vida de los que estemos abusando, es necesario que sepamos escoger, con determinación y firmeza, el camino del esfuerzo máximo en la exaltación del bien, a fin de que seamos considerados, ante la Ley, en la condición de operarios fieles al salario de la Eterna Luz.

Tomada del blog Dynamic 
Por el espírituEmmanuel
Texto tomado del: Libro "
NACER Y RENACER
".
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