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viernes, 19 de agosto de 2016

La fuerza de la alegría: Nos hace sentir vivos

Por Paulo Coelho  

El Alquimista

“Aun siendo conscientes de nuestros defectos y limitaciones, debemos hacer lo posible para conservar la esperanza y el buen humor”.

Dice Khalil Gibran que hace veinte siglos que los hombres adoran la franqueza en la persona de Jesús, y no comprenden su fuerza. Jesús no vivió como un cobarde, y no murió quejándose y sufriendo. Vivió como un revolucionario, y fue crucificado como un rebelde.
–“No era un pájaro de alas rotas, sino una tempestad violenta que rompía las alas torcidas. No era víctima de sus perseguidores, y no sufrió a manos de sus ejecutores, sino que era libre ante todos.
“Jesús no descendió al mundo para destruir nuestras casas y, con sus piedras, construir conventos. Él vino a insuflar al mundo un alma nueva y fuerte, que haga de cada corazón un templo, de cada alma un altar, y de cada ser humano un sacerdote”.
Observando su vida con atención, veremos que, aunque supiese que su pasión era inevitable, procuró darnos un sentido de la alegría en cada gesto. Como dije en una columna reciente, él debió de pensar mucho antes de decidir cuál sería el primer milagro que debía realizar. Debió de considerar la curación de un paralítico, la resurrección de un muerto, la expulsión de un demonio, algo que sus contemporáneos considerasen “una actitud noble”. A fin de cuentas, sería la primera vez que se mostraría al mundo como hijo de Dios.
Y como está escrito, su primer milagro fue el de convertir el agua en vino, para alegrar una fiesta de casamiento.
Que la sabiduría de este gesto nos inspire, y que esté siempre presente en nuestras almas: la búsqueda espiritual es compasión, entusiasmo y alegría.
El monje tibetano Chögyam Trungpa dice: “No es necesaria una experiencia mística para descubrir que el mundo es bueno. Basta percibir las cosas simples que existen a nuestro alrededor, ver las gotas de lluvia resbalando por el cristal, levantarse de mañana y descubrir que el sol brilla, oír a alguien reír”.
Actuando de esta manera, el mundo deja de ser una amenaza. Pasamos a darnos cuenta de que somos capaces de reverenciar el milagro de la existencia, y aceptamos que tenemos la suficiente sensibilidad para ver el amor que existe en nuestra alma. Si somos capaces de ver lo que es bello, es porque también nosotros somos bellos, ya que el mundo es un espejo, y devuelve a cada hombre el reflejo de su propio rostro.
Aun siendo conscientes de nuestros defectos y limitaciones, debemos hacer lo posible para conservar la esperanza y el buen humor. Al fin y al cabo, el mundo siempre se esfuerza por ayudarnos, aunque a veces tengamos la sensación de que sucede al revés.
El único gran peligro radica en confiarnos demasiado. Por más alegría que sienta en su corazón, un guerrero de la luz no debe jamás bajar la guardia. Cuando percibamos que, debido a una actitud positiva ante la vida, caemos en una especie de optimismo inconsecuente y bajamos la guardia, es bueno recordar las siguientes palabras de Confucio:
“El peligro surge cuando el hombre se siente seguro de su posición.
“La ruina amenaza a todo aquel que intenta preservar un estado de cosas.
“La confusión aparece cuando colocamos todo en orden.
“Por lo tanto, el hombre superior no olvida el peligro cuando se siente seguro.
“El sabio no olvida el fantasma de la ruina cuando está en plena prosperidad.
“El inteligente no olvida la confusión cuando sus asuntos están en orden”. (O)

Crédito de foto: @paulocoelho
Texto retirado de: La Revista

lunes, 15 de agosto de 2016

El viento las esparce: Historias de aprendizaje

Por Paulo Coelho  

El Alquimista

“Cuando la acción se convierte en poco más que un hábito, deja de tener sentido y puede acabar causando daños; nunca dejes que la rutina guíe tus movimientos”.

Los tres bloques de piedra

Una leyenda australiana cuenta la historia de un hechicero que paseaba con sus tres hermanas, cuando se les acercó el guerrero más conocido de la región.
–Quiero por esposa a una de estas bellas mozas –dijo.
–Si se casa una de ellas, las otras pensarán que son feas. Estoy buscando una tribu donde los guerreros puedan tener tres mujeres –respondió el hechicero, alejándose de él.
Y siguió caminando durante años por el continente australiano, sin encontrar la tribu que buscaba.
–Una de nosotras al menos hubiera podido ser feliz –dijo una de las hermanas, cuando ya estaban viejas y cansadas de tanto caminar.
–Me equivoqué –dijo el hechicero. –Pero ahora ya es tarde.
Y transformó a las tres hermanas en bloques de piedra.
Quien visite el Parque Nacional de las Montañas Azules, al lado de Sídney, podrá verlas, y entenderá que la felicidad de uno no debe significar la tristeza de otros.

El hombre más rico de Babilonia

–Es muy sencillo llegar a ser como yo –dijo el hombre más rico de Babilonia. –Basta con entender que una décima parte de lo que ganas es tuyo.
–Eso no tiene sentido –respondió el muchacho. –Es mío todo lo que gano.
–¿Acaso no tienes que pagar a tu sastre? ¿No pagas al panadero todos los días? No puedes vivir siquiera un día sin gastar, y tu dinero es de todo el mundo, menos tuyo.
“A partir de ahora, guarda una décima parte de tu salario para ti mismo. Utiliza este dinero en tu beneficio; no olvides que los caminos de la riqueza son mágicos y extraños. Si cuidas bien de esta décima parte, un día te recompensará por todos tus esfuerzos”.

Tres golpes certeros

–¿Cómo puedo saber la mejor forma de actuar en la vida? –preguntó el discípulo al maestro.
El maestro le pidió que construyese una mesa.
El discípulo clavaba los clavos con tres golpes certeros. Un clavo, sin embargo, alcanzó un lugar más duro, y el discípulo tuvo que dar un golpe más. Hundió el clavo demasiado y dañó la madera.
–Tu mano estaba acostumbrada a los tres martillazos –dijo el maestro. –Confiabas tanto en lo que hacías que perdiste la atención y la precisión.
“Cuando la acción se convierte en poco más que un hábito, deja de tener sentido y puede acabar causando daños; nunca dejes que la rutina guíe tus movimientos”.

El significado de los plátanos

Un amigo mío decidió pasar unas semanas en un monasterio de Nepal. Cierta tarde, entró en uno de los muchos templos de la región, y encontró a un monje, sonriendo, sentado en el altar.
–¿Por qué ríes? –quiso saber.
–Porque entiendo el significado de los plátanos.
Dicho eso, abrió la bolsa que cargaba, y sacó de ella un plátano podrido.
–Esta es la vida que pasó y no fue aprovechada en el momento preciso; ahora ya es demasiado tarde.
A continuación, sacó de la bolsa un plátano aún verde, se lo enseñó, y volvió a guardarlo.
–Esta es la vida que todavía no sucedió; hay que esperar el momento preciso.
Por último, sacó un plátano maduro, lo peló, y lo compartió con mi amigo.
–Esta es la vida en el momento presente. Aliméntate de ella, y vívela sin miedo y sin culpa. (O)

Crédito de foto: @paulocoelho
Texto retirado de: La Revista

jueves, 28 de julio de 2016

Cuidarse a sí mismo: Importante lección

Por Paulo Coelho  

El Alquimista

“Fortaleces a alguien cuando le ayudas un poco. Pero si le ayudas demasiado, lo debilitas”.

Durante seis años busqué la iluminación –dijo el discípulo. –Siento que estoy cerca, y quiero saber cómo he de dar el siguiente paso.
–Un hombre que sabe buscar a Dios, sabe también cuidar de sí mismo. ¿Cómo te mantienes? –preguntó el maestro.
–Ese es un detalle sin importancia. Mis padres son ricos, y me ayudan en mi búsqueda espiritual. Gracias a ello puedo dedicarme por entero a las cosas sagradas.
–Muy bien –dijo el maestro. –Entonces te explicaré el siguiente paso: mira al sol durante medio minuto.
El discípulo obedeció.
A continuación, el maestro le pidió que describiese el paisaje a su alrededor.
–No puedo. El brillo del sol me ha deslumbrado.
–Un hombre que mantiene los ojos fijos en el sol, termina ciego. Un hombre que solo busca la luz y deja sus responsabilidades en manos de los demás, jamás encontrará lo que busca –fue el comentario del maestro.

Hacer el campo fértil

El maestro zen le encargó al discípulo que cuidara del campo de arroz. El primer año, el discípulo vigiló que nunca faltase el agua necesaria. El arroz creció fuerte y la cosecha fue buena.
El segundo año, el discípulo tuvo la idea de añadir un poco de fertilizante. El arroz creció rápido y la cosecha fue mayor.
El tercer año, colocó más fertilizante. La cosecha fue aún mayor, pero el arroz nació pequeño y sin brillo.
–Si sigues aumentando la cantidad de abono, la cosecha del año que viene no tendrá ningún valor –dijo el maestro.
“Fortaleces a alguien cuando le ayudas un poco. Pero si le ayudas demasiado, lo debilitas”.

El camino del tigre

El hombre caminaba por la selva cuando vio una raposa lisiada.
“¿Cómo se alimentará?”, se preguntó.
En aquel momento, se acercó un tigre con una presa en sus fauces. Sació su hambre y dejó luego lo que había sobrado para la raposa.
“Si Dios ayuda a la raposa, también me ayudará a mí también”, pensó. Volvió a su casa, se encerró, y se puso a esperar a que Dios le diese de comer.
Nada sucedió. Cuando ya se estaba quedando demasiado flaco para salir a trabajar, se le apareció un ángel.
–¿Por qué decidiste imitar a la raposa lisiada? –preguntó el ángel. –¡Levántate, coge tus herramientas y sigue el camino del tigre!

Alguien sabría la diferencia

Un padre llevó a sus pequeños a jugar minigolf. En la taquilla, preguntó el precio.
–Son cinco monedas para los adultos y tres para los mayores de 6 años. Para los menores de 6, la entrada es gratuita.
–Uno de ellos tiene 3, el otro 7. Pago la del mayor.
–Bobo –dijo el taquillero. –Podría haberse ahorrado tres monedas si hubiera dicho que el mayor tenía menos de 6. Yo no habría notado la diferencia.
–Puede, pero ellos sí la habrían notado. Y mi ejemplo quedaría grabado para siempre. (O)

Crédito de foto: @paulocoelho
Texto retirado de: La Revista
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