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viernes, 17 de julio de 2009

Vida y Sexo

8. El Divorcio.
El divorcio es un ley humana que tiene por objeto separar legalmente a los que estaban separados de hecho; no es contrario a la ley de Dios, puesto que sólo reforma lo que los hombres han hecho, y solo es aplicable en los casos en que no se ha tomado en cuenta la ley divina.
Del Item 5, del Cap. XXII , de “ El Evangelio Según el Espiritismo”.

Partiendo del principio de que no existen uniones coincidenciales, el divorcio, no debe ser rigurosamente aceptado entre las criaturas.

Es ahí, en los lazos matrimoniales definidos ante la ley, donde se operan correcciones y reconciliaciones dirigidas a la elevación del alma.
El matrimonio será siempre un instituto benéfico, donde se recibirá en flores de alegría y esperanza, a aquellos que la vida aguarda para el trabajo de su propio perfeccionamiento y elevación. Con el progreso consigue nuevos horizontes y la ley de la reencarnación consigue los fines para los cuales fue destinada.
Ocurre mientras tanto, que la Sabiduría Divina jamás instituye principios de violencia, y el espíritu, en muchas situaciones aumenta sus deudas, disponiendo de sus facultades, para interrumpir, rechazar, modificar, discutir o adelantar transitoriamente el desempeño de los compromisos que abraza.

En muchos casos, es la propia individualidad, en la vida de espíritu, antes de reencarnar quién señala el matrimonio difícil, llamando para así al compañero o la compañera de existencias pasadas para los ajustes que pacificarán su conciencia, en vista de los errores causados en épocas pasadas.

Nuevamente conducida, a la costra terrestre y dirigida a la unión matrimonial que atrajo sobre si misma, se ve entristecida frente a los problemas que se le presentan. Algunas veces el compañero o la compañera caen de vuelta en el ejercicio de la crueldad de otro tiempo, ya sea a través del menosprecio, el irrespeto, la violencia o la infidelidad, y el cónyuge perjudicado no siempre haya recursos para sobreponerse a los procesos de desgaste moral de los cuales es victima.
Llamados, muchas veces, a la resistencia, es muy natural que el esposo o la esposa relegados a un sufrimiento indebido, se escuda en el divorcio para no caer en el suicidio, el homicidio u otras calamidades que complicarían más su destino. En esos momentos surge la separación, como una bendición necesaria y el cónyuge perjudicado encuentra en el tribunal de su propia conciencia el apoyo moral de auto- aprobación, para renovar el camino que le corresponde acogiéndose o no a una nueva compañía para su trajinar correspondiente.

Es obvio que no nos es lícito estimular el divorcio en ningún momento, compitiéndonos solamente en este sentido, reconfortar y reanimar a los hermanos en lucha, en los matrimonios de prueba, a fin de que se sobrepongan a sus susceptibilidades venciendo las duras etapas de regeneración o expiación que pidieron antes de su reencarnación, en ayuda para sí mismos; aún así, es justo reconocer que la esclavitud no proviene de Dios y que nadie tiene el derecho de torturar a nadie, frente a las Leyes Eternas.

El divorcio basado en razones justas, es providencia humana y claramente comprensible en los procesos de evolución pacífica.

Efectivamente nos enseño Jesús: “ No separéis lo que Dios ha unido” y no es justo intervenir en la vida de ningún cónyuge en el intento de apartarlo de la obligación a que se comprometió. Ocurre además, que si no nos cabe separar aquello que la ley de Dios unió para determinados fines, son, ellos mismos, los amigos, que se unieron por vínculos del matrimonio, quienes deben buscar su separación, correspondiéndonos únicamente la obligación de respetar su libre escogencia, sin atacar su decisión.

Por el espíritu de: Emmanuel
Texto retirado del: Libro VIDA Y SEXO.

miércoles, 15 de julio de 2009

RESPUESTAS DE LA VIDA


18 - EN LOS INSTANTES DIFÍCILES

En las dificultades de lo cotidiano, olvide los contratiempos y siga adelante, recordando que Dios esculpió en cada uno de nosotros la facultad de resolver nuestros propios problemas.

La vida es aquello que usted desea diariamente.

La renovación auténtica tiene que comenzar en nosotros mismos.

Usted prepara el camino a cualesquiera ocurrencias pensando en torno de ellas.

La palabra es puerta de entrada para sus realizaciones.

Cargar resentimientos será inmovilizar sus propios recursos.

Encolerizarse es destruir su propio trabajo.

No sufra hoy por la neurosis que tal vez venga comprobar su comprensión y resistencia, en futuro remoto.

Los problemas existirán siempre alrededor de nosotros y a pesar de nosotros.

Olvide ofensas y disgustos, tribulaciones y sombras y continúe trabajando cuanto pudiere para el bien de todos, recordando que el tópico más importante de su camino será siempre servir.

Por el espíritu de: Andre Luiz

Psicografía: Francisco Cándido Xavier 

Texto retirado del libro: Respuestas de la Vida

martes, 14 de julio de 2009

ANTE LA INDULGENCIA DIVINA

Inducíamos intemperantemente a la mente, a explotar dentro de nosotros por vuelcos de locura. Meditemos en la Indulgencia Divina, para que no nos veamos caer en los desajustes de la intolerancia.

Nos hallábamos, desanimados y oprimidos en el torbellino de las tinieblas. El Señor, a pesar de todo, nos concedió un nuevo día para recomenzar la gran ascensión hacia la Luz.

Estábamos paralíticos en la recapitulación incesante de nuestros desequilibrios.
Nos restituyó la facultad del movimiento con los pies y las manos libres para que restablezcamos el equilibrio que nos compete.

Sufríamos desilusión y ceguera.
Nos restituyó la esperanza y la visión para que asimilemos las nuevas experiencias.

Yacíamos desolados en la sombra.
Nos condujo nuevamente a una pose de integridad espiritual.

Padecíamos la desesperación por descontrolarnos en la palabra, a través de actitudes blasfemas.

Nos invistió de nuevo, con el poder de hablar acertadamente.
Nos afectaba la sordera, nacida de nuestra rebelión delante de la Ley.

Nos dotó de la bendición de los oídos con que podemos asimilar las nuevas lecciones del socorro espiritual.

Procedimos al contacto de infelices alienados, en las regiones inferiores, materializando en torno de nosotros las telas de los propios errores y eternizando así, el contacto con los desafectos de nuestra propia vida.

Nos concedió, a pesar de todo, la Divina Bondad de la bendición del hogar y de la
prueba, de la responsabilidad y del trabajo en común, en los cuales nos asociamos con nuestros adversarios del pasado para convertirlos, al sol del amor, en la senda de elevación hacia el futuro.

No olvides la tolerancia de Jesús, nuestro Eterno Amigo, que nos soporta hace mil años, amparándonos el corazón, a través de mil modos, en cada paso del día, y por gratitud a Él que no vaciló en aceptar la propia cruz para testimoniar la benevolencia, seamos auténticos aprendices de la fraternidad, por cuanto solamente en el perdón incondicional de nuestras faltas recíprocas, conseguiremos cumplir el pedido inolvidable que nos hiciera el Maestro:

"Amaos los unos a los otros como yo os amé".

Por el espíritu de: Emmanuel
Texto retirado del: Libro "ATENCIÓN".
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