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domingo, 9 de diciembre de 2012

El camino recorrido: Lecciones de un poeta

Por Paulo Coelho 

El Alquimista

“Cuando el amor llama, obedeced a su llamada, aunque el camino sea duro y difícil. Cuando sus alas se abran, entregaos a él, aunque la espada allí escondida termine causando heridas”.
El profeta
En su libro El Profeta, Khalil Gibran, posiblemente el escritor libanés contemporáneo más conocido, cuenta la historia de Al-Mustafá, un hombre que, tras muchos años de ausencia, decide volver a su tierra. Los habitantes de la aldea donde pasó este tiempo le piden que les enseñe todo lo que aprendió. A continuación, algunos fragmentos (editados) de este clásico del siglo XX.
El matrimonio
Vosotros nacisteis juntos, y juntos estaréis también cuando las alas blancas de la muerte pongan fin a vuestros días, pues continuaréis unidos en la memoria silenciosa de Dios.
Pero dejad que haya espacio entre los dos. Que pueda el cielo pasar entre vuestros cuerpos.
Amad, pero no transforméis el amor en una atadura.
Que el uno llene el cuerpo del otro, pero jamás bebáis los dos del mismo vaso.
Cantad y danzad, estad alegres, pero que cada uno mantenga su independencia: las cuerdas de un laúd están solas, aunque vibren todas con la misma música.
Entregad vuestro corazón, pero no para que vuestro compañero lo posea, pues solo la mano de la vida puede contener corazones enteros.
Permaneced unidos, pero no demasiado juntos, pues los pilares de un templo están separados
El roble no crece a la sombra del ciprés, ni el ciprés puede crecer a la sombra del roble.
Los hijos
Vuestros hijos no son vuestros hijos, son los hijos de la vida. Vienen a través de vosotros, pero no os pertenecen.
Podéis darles vuestro amor, pero no vuestros pensamientos, pues ellos tienen sus propios sueños.
Podéis proteger sus cuerpos, pero no sus almas, pues estas habitan la casa del mañana, que vosotros no podéis visitar ni en vuestros sueños.
Podéis intentar ser como ellos, pero no intentéis que ellos se comporten como vosotros, pues la vida no retrocede ni se deja seducir por el día de ayer.
Vosotros sois el arco del que vuestros hijos, como flechas vivas, son impulsados hacia adelante; dejad que la mano del Arquero trabaje, porque así como Él ama la flecha que vuela, también ama el arco, que permanece estable.
El amor
Cuando el amor llama, obedeced a su llamada, aunque el camino sea duro y difícil.
Cuando sus alas se abran, entregaos a él, aunque la espada allí escondida termine causando heridas.
Y cuando el amor diga algo, creed en él, aunque su voz destruya vuestros sueños como el viento del norte devasta los jardines.
Porque el amor glorifica y crucifica. Hace crecer las ramas, y las poda. Atormenta a los hombres, hasta que están flexibles y dóciles. Los quema en fuego divino, para que puedan convertirse en un pan sagrado que será consumido en el banquete de Dios.
Sin embargo, si tenéis miedo, y del amor no queréis encontrar más que la paz y el placer, más os vale apartaros de su puerta y buscar otro mundo donde podáis reir sin toda la alegría, y llorar sin derramar todas las lágrimas.
El amor no da nada y no quiere nada más allá de sí mismo. El amor no posee ni puede ser poseído, pues él solo se basta.
Y no intentéis dirigir su curso: si el amor encuentra que sois dignos, él os dirigirá hasta donde debáis llegar.
Dibujo de: Dum (Edson Junior)
Texto retirado de: La Revista

martes, 4 de diciembre de 2012

Beneficencia

Todo pan que repartes es un valor que acumulas.
Abrigo que des hace apoyo para ti mismo.
El Coraje que transmitas es una luz que te sigue.
La ofensa que perdonas es paz que te acompaña.
No esperes de los otros cualquier compensación.
De todo el bien que hagas la respuesta es de Dios.


Dictado por el espíritu: Emmanuel
Extraído del libro "
Recados del más allá"

Pintura de: Olga Sinclair  
Tomada del blog TODO POR EL ARTE
Texto retirado de: Luz Espiritual

domingo, 2 de diciembre de 2012

Gobernantes y gobernados: Ambos vulnerables

Por Paulo Coelho 

El Alquimista

“Bien, ¿he respondido a su pregunta? El infierno es perder el control a pesar del poder. El paraíso es mantener el control a pesar del miedo”.

¿Dónde pasar la noche?

El famoso místico Ibrahim Adham entró cierta vez en el palacio del gobernante local. Como era muy conocido en la región, ningún guardia osó detenerlo, y consiguió llegar a la presencia del soberano.
-Me gustaría pasar la noche aquí, dijo.
-Pero esto no es un hotel, respondió el rey.
-¿Puedo preguntar quién era el dueño de este palacio antes que vos?
-Mi padre. Está muerto.
-¿Y quién era el dueño, antes de vuestro padre?
-Mi abuelo. También está muerto.
-Entonces este es un lugar donde las personas se quedan un poco y después se van. ¿No es lo mismo que un hotel?
Respetando el valor y la sabiduría de Ibrahim Adham, el rey permitió que se quedara hospedado allí el tiempo que quisiera.
El coraje del monje
Un rey llamado Nobushinge se acercó al maestro Zen Hakuin y preguntó:
-¿Es que existen el infierno y el paraíso?
El maestro permaneció callado. El rey insistió algunas veces, hasta que Hakuin dijo:
-¿Quién es usted para venir a perturbar así mi tranquilidad?
El rostro de Nobushinge enrojeció de rabia:
-¡Soy un rey, el señor de todas estas tierras!
-¡Qué rey más idiota! ¡Viajar desde tan lejos para hacer una pregunta estúpida!
Noboshige comenzó a desenvainar su espada.
-¡Ah! ¡Entonces usted está armado!, rio el maestro zen. ¡Pues apuesto a que esta espada está ciega y herrumbrada!
-¡Ya verás! –bramó el rey–. ¡Mi furia es como el infierno en la tierra!
El maestro zen se abrió el quimono y mostró el pecho.
-¡Vamos! ¡Acabe con mi vida! ¡En cuanto esta espada toque mi corazón, estaré en el paraíso!
Hubo un momento de silencio. El maestro miró fijamente a Nobushinge:
-Bien, ¿he respondido a su pregunta? El infierno es perder el control a pesar del poder. El paraíso es mantener el control a pesar del miedo.

El viajero silencioso

El gobernador y su comitiva estaban en un tren cuando notaron, en el mismo vagón, a un señor mal vestido, con los ojos cerrados. Alguien quiso alejarlo de allí, pero el gobernador lo impidió: aquella criatura serviría para distraerlos durante el viaje.
Provocaron al hombre durante todo el trayecto, con bromas y humillaciones. Cuando llegaron a la estación, sin embargo, vieron que mucha gente había acudido a recibir al extraño; se trataba de uno de los más conocidos rabinos de América, cuyos seguidores habían ayudado a elegir al gobernador.
Inmediatamente este se dio cuenta del error cometido. Arrimándose a un rincón pidió:
-Perdona nuestras bromas y bendícenos, rabino.
-Puedo bendecirte, pero no puedo perdonarte. En aquel tren yo estaba, sin querer, representando a todos los hombres humildes de este mundo. Para recibir el perdón, recorre la tierra entera y arrodíllate delante de cada uno de ellos.
Dibujo de: Costa de Souza
Texto retirado de: La Revista

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