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jueves, 15 de septiembre de 2016

Experiencias aleccionadoras: Personajes que inspiran

Por Paulo Coelho  

El Alquimista

Es necesario tener paciencia, aguardar el momento oportuno y seguir con confianza el ritmo que Dios escogió para nuestra vida.

El bosque de cedros

En 1939, el diplomático japonés Chiune Sugihara, que ocupaba un puesto en Lituania en una de las épocas más terribles de la humanidad, salvó a miles de judíos polacos de los nazis, concediéndoles visados de salida.
Su acto de heroísmo fue apenas una nota a pie de página en la historia de la guerra, hasta que los supervivientes por él contaron su historia. No se tardó en elogiar su coraje y grandeza, que llamaron la atención de la prensa, y llevaron a autores a escribir sobre el “Schindler japonés”.
En aquellos momentos, el Gobierno israelí estaba recogiendo los nombres de los salvadores para recompensarlos por sus esfuerzos. Una de las formas en que el Estado judío pensaba reconocer su deuda para con estos héroes consistía en plantar árboles en su honor. Cuando se reveló la valentía de Sugihara, las autoridades israelíes decidieron, como de costumbre, plantar en su memoria un bosque de cerezos, árbol tradicional de Japón.
De repente, en una decisión poco habitual, la orden fue revocada. Decidieron que, comparados con el valor de Sugihara, los cerezos eran un símbolo insuficiente y se inclinaron por un bosque de cedros, árbol más vigoroso y de connotaciones sagradas, por haber sido empleado en el Primer Templo. Después de plantar los árboles, las autoridades israelíes descubrieron que ‘sugihara’ en japonés significa bosque de cedros.

El camino que lleva al cielo

Cuando preguntaron al abad Antonio si el camino del sacrificio conducía al cielo, respondió:
–“Existen dos caminos de sacrificio. El primero es el del hombre que mortifica la carne y hace penitencia porque piensa que estamos condenados. Aquel que sigue este camino se siente culpable y se juzga indigno de ser feliz. “El segundo camino es el que recorre aquel que, aun sabiendo que el mundo no es perfecto como deseamos, reza, hace penitencia, ofrece su tiempo y su trabajo para mejorar lo que le rodea. Entiende que la palabra sacrificio viene de sacro oficio, el oficio sagrado. En este caso, la Presencia Divina le ayuda todo el tiempo, y él consigue resultados en el cielo”.

El capullo

Cuenta el gran escritor griego Nikos Kazantzakis (Zorba, el Griego) que, de niño, un día reparó en un capullo preso en un árbol, de donde una mariposa se preparaba para nacer. Esperó un tiempo, pero, como se le hacía tarde, decidió calentar el capullo con su aliento; la mariposa salió, pero sus alas estaban todavía presas y murió poco después.
“Era necesaria una paciente maduración al sol, y yo no supe esperar”, dice Kazantzakis. “Aquel pequeño cadáver es, hasta hoy, uno de los mayores pesos que tengo en la conciencia. Pero fue eso lo que me hizo entender lo que es un verdadero pecado mortal: forzar las grandes leyes del universo. Es necesario tener paciencia, aguardar el momento oportuno, y seguir con confianza el ritmo que Dios escogió para nuestra vida”.

El empleado inteligente

En la época en que estaba en una base aérea en África, el escritor Saint-Exupéry hizo una colecta para un empleado marroquí que quería volver a su ciudad natal. Reunió mil francos. Uno de los pilotos llevó al empleado hasta Casablanca, y a su vuelta contó:
–En cuanto llegó, se fue a comer, dio generosas propinas, invitó a muchos a tomar, compró muñecas para las niñas de su pueblo... Este hombre no tenía el más mínimo sentido de la economía.
–Al contrario –dijo Saint-Exupéry. –Sabía que la mejor inversión del mundo son las personas. Gastando así, consiguió de nuevo ganarse el respeto de sus paisanos, que terminarán dándole un empleo. A fin de cuentas, solo un vencedor puede ser tan generoso. (O)

Crédito de foto: @paulocoelho
Texto retirado de: La Revista

sábado, 20 de agosto de 2016

Del arte de escoger: ¿Adónde quiere llegar?

Por Paulo Coelho  

El Alquimista

Un guerrero de la luz piensa en el buen combate y en la paz al mismo tiempo, y sabe actuar de acuerdo con las circunstancias.

Carlos Castañeda dice: “El gran poder del ser humano está en su capacidad de tomar decisiones”. Cada decisión que tomamos nos permite modificar el futuro y el pasado.
Escoger significa: “yo me comprometo”. Cuando alguien hace una elección, debe recordar que el camino por recorrer será muy diferente del camino imaginado. Escoger significa: “bien, yo sé dónde quiero llegar”.
Escoger también significa: “tendré que abandonar una serie de cosas”. Es con este compromiso que el guerrero de la luz sigue adelante.

Escogiendo en paz

El guerrero de la luz medita. Se sienta en un lugar tranquilo de su tienda, y se entrega a la luz divina.
Al hacer esto, procura no pensar en nada; se libera de la búsqueda de placeres, de los desafíos y de las revelaciones, y deja que se manifiesten sus dones y poderes desconocidos.
Aunque no lo perciba en ese mismo instante, estos dones y poderes están tomando cuenta de su vida y van a influir en su vida diaria.
Cuando medita, el guerrero no es él, sino un destello del Alma del Mundo. Son estos momentos los que le permiten comprender su responsabilidad, y actuar de acuerdo con ella. Un guerrero de la luz sabe que en el silencio de su corazón existe una orden superior que le mostrará los pasos de su elección personal.

Escogiendo con confianza

El guerrero de la luz siempre consigue equilibrar Rigor y Misericordia. Para alcanzar su sueño, necesita una firme voluntad y una inmensa capacidad de entrega.
Aunque tenga un objetivo, no siempre el camino para alcanzarlo es aquel que imagina: por eso, el guerrero emplea la disciplina y la compasión. Dios jamás abandona a sus hijos, mas los designios de la Providencia son insondables.
Así, para el guerrero de la luz no existe nada abstracto. Todo es concreto, y todo tiene relación con él.
Él no se sienta en la comodidad de su tienda observando lo que pasa en el mundo, sino aceptando cada desafío como una oportunidad para transformarse a sí mismo.
Algunos de sus compañeros pasan la vida criticando la falta de elección, o comentando las decisiones ajenas. El guerrero, por el contrario, transforma su pensamiento en acción.
Algunas veces yerra, y paga –sin protestar– el precio de su error. Otras veces se desvía del camino y pierde mucho tiempo volviendo al destino original.
Pero un guerrero no se distrae, porque sabe lo que busca.

Escogiendo con decisión

Un guerrero de la luz tiene las cualidades de una roca.
Cuando está en terreno llano, y todo a su alrededor se encuentra en armonía, se mantiene estable. Las personas pueden construir sus casas encima de lo que él creó, porque la tempestad no podrá destruirlas.
Cuando, por el contrario, lo colocan en terreno inclinado, y nada a su alrededor demuestra ningún respeto por su trabajo, es cuando él revela su fuerza, rodando en dirección al enemigo que amenaza su elección. Sin crueldad, mas con decisión, el guerrero no se deja paralizar por sus adversarios.
Un guerrero de la luz piensa en el buen combate y en la paz al mismo tiempo, y sabe actuar de acuerdo con las circunstancias. (O)

Crédito de foto: @paulocoelho
Texto retirado de: La Revista

viernes, 19 de agosto de 2016

La fuerza de la alegría: Nos hace sentir vivos

Por Paulo Coelho  

El Alquimista

Aun siendo conscientes de nuestros defectos y limitaciones, debemos hacer lo posible para conservar la esperanza y el buen humor.

Dice Khalil Gibran que hace veinte siglos que los hombres adoran la franqueza en la persona de Jesús, y no comprenden su fuerza. Jesús no vivió como un cobarde, y no murió quejándose y sufriendo. Vivió como un revolucionario, y fue crucificado como un rebelde.
–“No era un pájaro de alas rotas, sino una tempestad violenta que rompía las alas torcidas. No era víctima de sus perseguidores, y no sufrió a manos de sus ejecutores, sino que era libre ante todos.
“Jesús no descendió al mundo para destruir nuestras casas y, con sus piedras, construir conventos. Él vino a insuflar al mundo un alma nueva y fuerte, que haga de cada corazón un templo, de cada alma un altar, y de cada ser humano un sacerdote”.
Observando su vida con atención, veremos que, aunque supiese que su pasión era inevitable, procuró darnos un sentido de la alegría en cada gesto. Como dije en una columna reciente, él debió de pensar mucho antes de decidir cuál sería el primer milagro que debía realizar. Debió de considerar la curación de un paralítico, la resurrección de un muerto, la expulsión de un demonio, algo que sus contemporáneos considerasen “una actitud noble”. A fin de cuentas, sería la primera vez que se mostraría al mundo como hijo de Dios.
Y como está escrito, su primer milagro fue el de convertir el agua en vino, para alegrar una fiesta de casamiento.
Que la sabiduría de este gesto nos inspire, y que esté siempre presente en nuestras almas: la búsqueda espiritual es compasión, entusiasmo y alegría.
El monje tibetano Chögyam Trungpa dice: “No es necesaria una experiencia mística para descubrir que el mundo es bueno. Basta percibir las cosas simples que existen a nuestro alrededor, ver las gotas de lluvia resbalando por el cristal, levantarse de mañana y descubrir que el sol brilla, oír a alguien reír”.
Actuando de esta manera, el mundo deja de ser una amenaza. Pasamos a darnos cuenta de que somos capaces de reverenciar el milagro de la existencia, y aceptamos que tenemos la suficiente sensibilidad para ver el amor que existe en nuestra alma. Si somos capaces de ver lo que es bello, es porque también nosotros somos bellos, ya que el mundo es un espejo, y devuelve a cada hombre el reflejo de su propio rostro.
Aun siendo conscientes de nuestros defectos y limitaciones, debemos hacer lo posible para conservar la esperanza y el buen humor. Al fin y al cabo, el mundo siempre se esfuerza por ayudarnos, aunque a veces tengamos la sensación de que sucede al revés.
El único gran peligro radica en confiarnos demasiado. Por más alegría que sienta en su corazón, un guerrero de la luz no debe jamás bajar la guardia. Cuando percibamos que, debido a una actitud positiva ante la vida, caemos en una especie de optimismo inconsecuente y bajamos la guardia, es bueno recordar las siguientes palabras de Confucio:
“El peligro surge cuando el hombre se siente seguro de su posición.
“La ruina amenaza a todo aquel que intenta preservar un estado de cosas.
“La confusión aparece cuando colocamos todo en orden.
“Por lo tanto, el hombre superior no olvida el peligro cuando se siente seguro.
“El sabio no olvida el fantasma de la ruina cuando está en plena prosperidad.
“El inteligente no olvida la confusión cuando sus asuntos están en orden”. (O)

Crédito de foto: @paulocoelho
Texto retirado de: La Revista
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