La mascota del blog

domingo, 30 de julio de 2017

El silencio

El silencio ayuda siempre
Cuando oímos palabras infelices.
Cuando alguien está irritado.
Cuando la maledicencia nos busca.
Cuando la ofensa nos golpea.
Cuando alguien se encoleriza.
Cuando la crítica nos hiere.
Cuando escuchamos la calumnia.
Cuando la ignorancia nos acusa.
Cuando el orgullo nos humilla.
Cuando la vanidad nos provoca.
El silencio es la gentileza del perdón que se calla y espera el tiempo.
*
El perdón
El perdón, en cualquier tiempo,
es siempre un trazo de luz,
conduciendo nuestra vida
a la comunión con Jesús.

Dictado por el espíritu: Meimei

Pintura tomada del blog Espiritismo Biografias
Texto retirado de: Luz Espiritual

domingo, 6 de noviembre de 2016

La Ley de Jante: Para todos los países

Por Paulo Coelho  

El Alquimista

Por culpa de esta ley el mundo ha sido manipulado de todas las maneras posibles por gente que no teme el comentario ajeno y que hace tanto mal como quiere.

¿Qué piensa de la princesa Marta Luisa? Un periodista noruego me entrevistó en Ginebra. Normalmente no respondo a preguntas ajenas a mi trabajo, pero en este caso la curiosidad del periodista tenía un motivo: la princesa había hecho bordar, en el vestido que lució en su 30º cumpleaños, el nombre de algunas personas importantes en su vida, entre los cuales estaba el mío.
-Me parece una persona sensible, delicada, inteligente –respondí–. Tuve ocasión de conocerla en Oslo, cuando me presentó, hace años, a su marido, que es escritor. No quería decir más, pero no pude contenerme:
-Y hay una cosa que de verdad no entiendo: ¿por qué la prensa noruega pasó a atacar el trabajo literario de su marido después de su boda con la princesa? Antes las críticas eran positivas.
No era propiamente una pregunta, sino una provocación, puesto que yo imaginaba la respuesta: la crítica cambió porque la gente tiene envidia, el más amargo de los sentimientos.
El periodista, sin embargo, fue más sofisticado que eso: -Porque había violado la ley de Jante.
Jamás había oído hablar de semejante ley, y el periodista tuvo que explicarme. Me di cuenta de que en cualquier país de Escandinavia es difícil encontrar a alguien que no la conozca. Una que, aunque existe desde inicios de la civilización, no fue enunciada oficialmente hasta 1933, en la novela Un refugiado sobrepasa sus límites, de Aksel Sandemose.
La triste constatación es que la Ley de Jante no se limita a Escandinavia: es una regla que se aplica en todos los países del mundo, por mucho que digan los brasileños que “esto solo pasa aquí”, o los franceses que “desgraciadamente, en nuestro país es así”. Como el lector ya estará irritado porque lleva más de media columna sin saber qué es esta Ley de Jante, intentaré resumirla:
“No vales nada, a nadie le interesa lo que piensas, la mediocridad y el anonimato son la mejor elección. Actúa de acuerdo con estos principios y no tendrás grandes problemas en tu vida”.
La Ley de Jante explica, en su contexto, los celos y la envidia que tanto dolor de cabeza le dan a personas como Ari Behn, el marido de la princesa. Este es uno de sus aspectos más negativos, pero existe algo más peligroso.
Por culpa de esta ley el mundo ha sido manipulado de todas las maneras posibles, por gente que no teme el comentario ajeno, y que hace tanto mal como quiere. Asistimos a una guerra inútil en Iraq, y siguen otras; vemos un abismo entre los países ricos y los pobres, injusticia social, violencia descontrolada, personas obligadas a renunciar a sus sueños por culpa de ataques injustos y cobardes. Antes de iniciar la Segunda Guerra Mundial, Hitler dio señales de sus intenciones, y lo que le hizo seguir fue saber que, gracias a la Ley de Jante, nadie lo desafiaba.
La mediocridad puede ser cómoda, hasta que un día la tragedia llama a la puerta. Es entonces cuando la gente se pregunta: “¿por qué nadie dijo nada, cuando todo el mundo veía lo que iba a ocurrir?”. Muy sencillo: nadie dijo nada porque tampoco la gente dijo nada. Por lo tanto, para evitar que las cosas se pongan cada vez peor, es el momento de escribir la antiley de Jante:
“Vales mucho más de lo que piensas. Aunque no lo creas, tu trabajo y tu presencia en este mundo son importantes. Claro que, si piensas de esta manera, puede que tengas muchos problemas por transgredir la Ley de Jante. Pero no te dejes intimidar, sigue viviendo sin miedo,  y al final vencerás”.

Crédito de foto: @paulocoelho
Texto retirado de: La Revista

domingo, 23 de octubre de 2016

Leyendas orientales: Historias aleccionadoras

Por Paulo Coelho  

El Alquimista

Si tienes la paciencia de la tierra, la pureza del agua, la fuerza del fuego y la justicia del viento, entonces eres libre.

El rey y la diosa

El rey Sivi era un hombre bueno, y la diosa Raky decidió ponerlo a prueba. Tras pedir a una paloma que volase hasta la habitación del rey, se convirtió en halcón y fue a cazar la paloma delante de los ojos de Sivi.
–¡No lo hagas! –le rogó este.
–¿Por qué no voy a hacerlo? –preguntó el halcón. –Mi alimento es la carne fresca. ¿Acaso queréis subvertir la naturaleza?
–Tienes razón –dijo Sivi. –Acepta entonces mi carne fresca.
Sacó un puñal que llevaba en la cintura y cuando se disponía a cortarse una parte del brazo para ofrecérselo al halcón, este volvió a transformarse en Raky.
–Un hombre bueno siempre llega a extremos para probar sus cualidades –dijo la diosa. –Cuando mueras, habitarás en nuestro reino.

Sirviendo a Dios

El monje Chu Lai descansaba cerca de un riachuelo cuando llegó el joven.
–Quiero saber cuál es la mejor manera de llevar una vida de acuerdo con los principios divinos –le pidió.
–Oración, penitencia, reparación –respondió el monje.
–¿Y cuál es la peor manera?
–Las ofensas al prójimo.
–Pensaba que lo peor era ofender a Dios.
–Estás engañado. Dios está en todas partes, y lo podrás encontrar siempre que te arrepientas. Pero cuando ofendes al prójimo sin motivo, este puede partir a un lugar lejano. Entonces ya no tendrás la oportunidad de pedir perdón y estarás sembrando infelicidad en el mundo.

Los rápidos elogios

Un viejo se acercó a un grupo que estaba reunido en torno de Al-Yahi. Durante mucho tiempo estuvo escuchando las enseñanzas del sabio. Al terminar, le dijo a uno de los discípulos:
–¡Es un hombre con la sabiduría de Dios! La tarde de hoy quedará para siempre marcada en mi corazón.
Animado, el discípulo fue a contárselo al maestro. Al-Yahi, sin embargo, no dio importancia a las palabras del viejo, respondiendo:
–Mucho cuidado con los rápidos elogios. Aquellos que, en la primera tarde, son capaces de ver cualidades que no tienes, también descubren rápidamente defectos que nunca poseíste.

Los cuatro elementos

“Sé tierra”, dijo el maestro. “La tierra recibe las deyecciones de hombres y animales, y esto no le molesta. Muy al contrario, transforma las impurezas en abono y fertiliza el campo”.
“Sé agua”, dijo el maestro. “El agua se limpia a sí misma, y limpia todo aquello que toca. Sé agua en torrente”.
“Sé fuego”, dijo el maestro. “El fuego hace que la madera se transforme en luz y calor. Sé el fuego que quema y purifica”.
“Sé viento”, dijo el maestro. “El viento esparce las simientes sobre la tierra, hace que el fuego arda con más vigor, empuja las nubes para que el agua caiga sobre todos los hombres”.
“Si tienes la paciencia de la tierra, la pureza del agua, la fuerza del fuego y la justicia del viento, entonces eres libre”. (O)

Crédito de foto: @paulocoelho
Texto retirado de: La Revista
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