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domingo, 21 de diciembre de 2014

Cuento de Navidad: El precio del paraíso

Por Paulo Coelho 

El Alquimista

“Dios dispone a las personas precisas, en el momento preciso, para que se ayuden mutuamente. Gracias a ti, la alegría de esta Nochebuena será más intensa en el cielo, porque el alma de tu marido se ha salvado”.
En Cracovia, Polonia, había un hombre muy pobre, que no tenía dinero ni para mantener a su familia. Al llegar la Navidad, avergonzado por no poder hacerle ningún regalo a su mujer, decidió vender el único animal que poseía –una gallina, que le daba todos los días por lo menos un huevo para comer–.
Pensaba que podría comprar algo bonito, pero ese mismo día ella se puso enferma y él tuvo que usar casi todo el dinero en medicinas. Desesperado, fue a ver al cura de su barrio.
—¿Te ha quedado algo?— dijo el cura.
—Diez céntimos.
—Todo lo que procede de Dios tiene su razón de ser—. Pasa por el mercado y cómprale a tu mujer lo primero que encuentres por diez céntimos. Se contentará.
El hombre le dio las gracias y fue hasta el mercado. Vio preciosas joyas y pensó: “Dios hará que encuentre algo barato”. Se acercó a un puesto: —Tengo diez céntimos, ¿qué puedo comprar?
—¡Diez céntimos! ¡Estás loco! ¡La joya más barata vale cien monedas de oro!
— Pero el cura me dijo que iba a poder comprar algo.
El comerciante decidió divertirse: —Realmente, pensaba vender mi sitio en el paraíso. ¡Y vale exactamente diez céntimos!
Sin dudar, el hombre sacó el dinero, y el comerciante escribió en un papel cualquiera: “Vale por un sitio en el paraíso”. Se dieron las manos a modo de trato.
Aquella noche, el comerciante, soltando una carcajada, le contó la historia a su mujer. Ella reaccionó histérica:
—¡No voy a vivir con alguien que engaña a los pobres, y precisamente en Navidad. Vete, y no vuelvas hasta que recuperes ese trozo de papel! El comerciante, aterrorizado, se fue y se puso a buscar al hombre por toda la ciudad, hasta que lo encontró.
—La verdad es que te engañé—. Aquí tienes las monedas, por favor, devuélveme el papel.
—¡Pero estoy satisfecho! ¡Te lo compré porque quise, y mi mujer se va a poner muy contenta con un sitio garantizado en el cielo!
—Está bien: entonces vas a ganar dinero, porque te voy a pagar veinte céntimos por ese papel.
—No te preocupes, no me engañaste, y me siento satisfecho. —Te voy a hacer una oferta que no vas a poder rechazar: te doy una moneda de oro por ese trozo de papel. A pesar de eso, el hombre no se sorprendió:
—Una moneda no resuelve mis problemas. Necesito diez monedas de oro. Ella se lo merece; así podrá comprarse todos los regalos que quiera. El comerciante se quedó estupefacto: ¡diez monedas! Pero no tenía alternativa, o las pagaba o no podía volver.
Las pagó, cogió el papel, y se fue.
—¡Diez monedas de oro por este papel que no vale nada! —le dijo a su mujer. —¡Aquí tienes tu regalo de Navidad, y no me pidas nada más!
En ese momento, un ángel se le apareció a su mujer:
—Cuando tu marido estaba dispuesto a vender su sitio en el paraíso por diez céntimos, no valía ni uno. Pero al aceptar pagar diez monedas de oro para recuperarlo, solo por amor hacia ti, ese sitio vale mucho más que eso.
“Dios dispone a las personas precisas, en el momento preciso, para que se ayuden mutuamente. Gracias a ti, la alegría de esta Nochebuena será más intensa en el cielo, porque el alma de tu marido se ha salvado; también será más intensa en la tierra, porque un hombre pobre le puede dar diez monedas de oro a su mujer. Por eso tú también mereces una recompensa”.
Y convirtió el trozo de papel en una esmeralda, que hoy en día se puede ver en una casa en la región de Grabarka, en la frontera con Bielorrusia. (Basado en una leyenda judía). (O) 
Crédito de foto: @paulocoelho
Texto retirado de: La Revista

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