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domingo, 11 de enero de 2015

El soplo de Dios: La fe y lo cotidiano

Por Paulo Coelho 

El Alquimista

“Aunque Dios jamás pueda ser visto, Él también deja sus huellas en las personas: apenas es cuestión de percibirlas”.
Quien tiene fe está acostumbrado a aceptar la presencia de Dios en los lugares sagrados, pero ¿cuándo consigue reconocerlo en el día a día? Pensando acerca de esta pregunta, Joanna Laufer y Kenneth Lewis decidieron entrevistar, durante dos años, a personas de diversas áreas para que contasen cómo la fe puede formar parte de las actividades cotidianas. Les dejo con algunas de estas respuestas:

Leontyne Price

“Cantar es un arte extremamente personal. Un instrumentista normalmente se enfrenta a un elemento externo a él, pero el cantante es su propio instrumento. Cierta noche de 1989, yo me encontraba enferma, pero no podía posponer el recital. Entonces, poco antes de empezar a cantar, recé y dije: “Dios mío, este trabajo de hoy tiene que ver más contigo que conmigo”. En aquel momento, yo asumí que iba a cantar solo para Él, y después de aquello ya no me importaban ni el público, ni los músicos, ni mi malestar físico. Acabó siendo uno de los mejores conciertos que he dado en mi vida”.

Rabi Schindler

Es interesante darse cuenta de que cuando el asunto es ciencia, aceptamos con mucha más facilidad lo que no podemos ver. Sin embargo, al hablar de un mundo espiritual, siempre aparece alguien queriendo exigir pruebas, testimonios, documentos.
Existe un tipo de mecanismo llamado “cámara de nube”, en el que un científico puede observar el trazado de partículas subatómicas; partículas que jamás nadie verá, pero cuya prueba de existencia son precisamente las huellas que dejan en esta máquina. Ahora bien, estableciendo un paralelismo, podremos entender que, aunque Dios jamás pueda ser visto, Él también deja sus huellas en las personas: apenas es cuestión de percibirlas.

Benjamin Hirsch

En 1938, cuando yo tenía 6 años, un grupo de nazis entró en nuestra casa, en Fráncfort, y se llevó a mi padre a un campo de concentración. Días después, mi madre me metió en un tren que se dirigía a Francia. Aún pienso en la última vez que la vi, diciéndome adiós en la estación, llorando, sin que yo pudiese entender bien por qué estaba sucediendo todo aquello.
Muchas cosas en esta vida me dejan confundido, y pasar por una experiencia de estas, siendo aún niño, supone poner al límite la fe que pueda tener uno en un mundo espiritual. No obstante, de todas maneras aún soy capaz de entender que todo lo que hago es por la gracia de Dios.

Bal Shen Tov

Se cuenta que este rabino se encontraba en lo alto de una colina con algunos discípulos, cuando vio que un grupo de cosacos atacaba la ciudad y comenzaba a masacrar a la población.
Viendo a muchos de sus amigos, allá abajo, muriendo y pidiendo misericordia, el rabino exclamó:
—¡Ah! ¡Si pudiese ser Dios!
—Uno de sus discípulos, perplejo, se volvió hacia él:
—Maestro, ¿cómo osa proferir semejante blasfemia? ¿Está queriendo decir que, si usted fuese Dios, obraría de manera diferente? ¿Quiere decir que usted piensa que Dios a menudo se equivoca?
El rabino miró a los ojos a su discípulo y le dijo:
—Dios siempre tiene razón. Pero si yo pudiese ser Dios, conseguiría entender lo que está ocurriendo. (O)
Crédito de foto: @paulocoelho
Texto retirado de: La Revista

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