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viernes, 17 de septiembre de 2010

LA GRAN ESCUELA

9- LA GRAN ESCUELA

De puertas abiertas a la gloria de la enseñanza, la Tierra es en realidad, dentro de las filas de la actividad carnal, una universidad sublime que funciona en varios cursos y disciplinas con aproximadamente dos mil millones(1) de alumnos matriculados en las diferentes razas y naciones.


Más de veinte mil millones de almas conscientes, liberadas de los lazos corporales, rodean el domicilio terrestre y permanecen en otras fajas evolutivas, sin tener en cuenta los miles de millones de inteligencias sub-humanas que son aprovechadas en los múltiples servicios del progreso planetario.


Para la mayoría de esas criaturas, necesitadas de nueva y más amplia experiencia, la reencarnación no es solamente una imposición natural sino también un premio, porque constituye la oportunidad de aprender.


Es así que, bajo la ilustrada supervisión de las Inteligencias Divinas, cada pueblo, ya sea que se lo considere en el pasado o en el presente, constituye una sección preparatoria de la Humanidad en relación con el porvenir.


Antiguamente aprendíamos la ciencia en Egipto, la espiritualidad en la India,  el comercio en Fenicia, la revelación divina en Jerusalén, el derecho en Roma y la filosofía en Grecia. Hoy adquirimos la educación en Inglaterra, el arte en Italia, la paciencia en China, la técnica industrial en Alemania, el respeto a la libertad en Suiza y la renovación espiritual en las Américas.


Cada nación posee una tarea específica que cumplir como contribución al mejoramiento del mundo, y aun cuando los bloques raciales desvariados, se lanzan a la guerra, están impulsados por el deseo de conseguir nuevos valores para su propio engrandecimiento.


En los círculos del Planeta vemos a las más primitivas comunidades encaminarse hacia las grandes adquisiciones culturales.


Si bien es cierto que la civilización refinada de hoy caracterizada por los más altos niveles de la inteligencia, vuela por el mundo y lo circunda en pocas horas, no debemos olvidar que poseemos millones de hermanos que están infinitamente distantes del mundo moral, y que diferenciándose poco o nada de los irracionales, no han logrado todavía consolidar la más mínima noción de responsabilidad.


Los enanos dokos de Abisinia, desnudos y profiriendo gritos extraños a manera de lenguaje, se asemejan mucho a los monos.


Nuestros hermanos negros de Kytches pasan los días tendidos en el suelo, a la espera de ratones con los que puedan mitigar su hambre.


Entre gran parte de los africanos orientales no existen los lazos morales entre padres e hijos.


Los latucas, en el interior del África, no conocen los sentimientos de compasión o de obligación.


Descendientes de los primitivos habitantes de las Filipinas deambulan por las montañas como animales salvajes.


Y no lejos de nosotros, los botocudos, entregados a la caza y la pesca son terribles ejemplares de brutalidad y ferocidad.


En el inmenso colegio hay múltiples y urgentes tareas para todos los que aprenden que la vida es movimiento, progreso, ascensión.


Tanto en la fe religiosa como en la administración de los patrimonios públicos, en el arte como en la industria, en el campo de la instrucción como en el de las ciencias agrícolas, la individualidad encuentra vastísimas posibilidades de acción y amplios recursos para expresarse.


El trabajo es la escalera divina de acceso a los laureles inmarcesibles del espíritu.


Nadie precisa pedir traslado a Júpiter o a Saturno para colaborar en la creación de nuevos cielos. La Tierra que es a la vez nuestra casa y nuestro taller en medio del paisaje cósmico, nos espera para que la convirtamos en glorioso paraíso.


(1) 1952 (Nota de la traductora).

Pintura de: Katelyn Alain, tomada del blog Katelyn Alain Painting News Blog

Por el espíritu: Emmanuel
Texto retirado del: Libro "DERROTERO".

miércoles, 15 de septiembre de 2010

LA TIERRA

8- LA TIERRA

La Tierra es un enorme imán, un gigantesco aparato cósmico en el que a pleno cielo hacemos nuestro viaje evolutivo.

Si lo consideramos un inmenso tren que se mueve sobre sí mismo y gira en torno del sol, podemos comparar a las clases sociales que lo habitan con grandes vagones de diferentes categorías.

De vez en cuando cambiamos nuestro lugar por el de nuestros vecinos y compañeros.

Quien viaja con pasaje de lujo vuelve para conocer los asientos humildes, en los coches de las clases inferiores.

Quien prosigue en las dependencias sencillas se yergue, luego, para ocupar posiciones envidiables y modificar las experiencias que le corresponden.

Tenemos allí el símbolo de las reencarnaciones.

De cuerpo en cuerpo, como quien utiliza diferentes vestiduras, el Espíritu hace su peregrinaje, de existencia en existencia, en busca de nuevas adquisiciones para su tesoro de amor y sabiduría, que le servirá de divina garantía en el campo de la eternidad.

Y filosóficamente podemos clasificar al Planeta con mayor propiedad si lo consideramos nuestra escuela multimilenaria.

Hay muchos aprendices que ocupan sus instalaciones en inoperante expectativa, pero el tiempo les cobra cara la ociosidad alejándolos, al fin, de los escenarios y seres amados o relegándolos a la parálisis o a la inactividad en vastos y sombríos abismos.

Otros alumnos indagan, día y noche... y mientras averiguan de manera viciosa pierden el valor del tiempo.

Imaginemos un colegio en el que compareciesen los alumnos primarios exigiendo retribuciones y homenajes, antes de haberse dedicado al estudio de las primeras lecciones.

El novato no podría pedir explicaciones acerca del cuerpo de profesores que conduce la casa de enseñanza donde esta aprendiendo las primeras letras.

Y ante la grandeza infinita de la vida que nos rodea, no pasamos de ser criaturas, en relación con el conocimiento de la vida superior.

Vacilamos, tanteamos y experimentamos para poder adquirir y acumular los recursos del Espíritu.

Nos compete, pues, tan sólo un derecho: el derecho de trabajar y servir, obedeciendo las edificantes instrucciones que nos brinda la Perfecta Sabiduría, a través de las diferentes circunstancias en las que se desenvuelve nuestra vida.

Nadie se equivoque creyendo que puede engañar a la Naturaleza.

El trabajo es ley divina.

Averiguar indefinidamente es enmascarar, la mayoría de las veces, la pereza intelectual.

La vida, no obstante, es celosa de sus secretos y solamente responde con seguridad a los que golpean a su puerta con el esfuerzo incesante, como trabajadores que ambicionan merecer la corona resplandeciente del apostolado en el servicio.

Pintura de: angela fraleigh, tomada del blog Recogedor

Por el espíritu: Emmanuel
Texto retirado del: Libro "DERROTERO".

domingo, 12 de septiembre de 2010

Y tomar decisiones

Por Paulo Coelho
El Alquimista


Asumir compromisos

Un guerrero de la luz comparte su mundo con las personas a las que ama, y procura estimularlas a cumplir lo que les gustaría hacer.

Alrededor de la hoguera
En estos momentos, el adversario aparece con dos tablas en la mano. En una de las tablas está escrito: “Piensa más en ti mismo. Conserva las gracias recibidas para ti o acabarás perdiéndolo todo”.

En la otra tabla se lee: “¿Quién te crees que eres para ponerte a ayudar a los demás? ¿Es que no consigues ver tus propios defectos?”.

Un guerrero sabe que tiene defectos. Pero también sabe que no puede crecer solo y distanciarse de sus compañeros. Entonces, aun creyendo que el adversario tiene parte de razón, él se olvida de las dos tablas y continúa repartiendo entusiasmo a su alrededor. Se sienta con sus compañeros alrededor de la hoguera, todos comentan sus conquistas, y los extraños que se unen al grupo son bienvenidos, porque todos se sienten orgullosos de sus vidas y del buen combate.

El guerrero sabe lo importante que es compartir su experiencia con los demás; habla con entusiasmo sobre el camino, cuenta cómo resistió a cierto desafío, qué solución encontró para un momento difícil. Cuando narra sus aventuras reviste sus palabras de pasión y romanticismo.

A veces se permite exagerar un poco, pues sabe que sus antepasados también exageraban de vez en cuando; pero cuando actúa de esta manera, jamás confunde orgullo con vanidad, y evita creer en sus propias exageraciones.

Enfocar objetivo
-Sí- el guerrero le escucha a alguien decir. Yo necesito entenderlo todo antes de tomar una decisión. Quiero tener la libertad de poder cambiar de idea.

Al guerrero esta frase le provoca desconfianza.

También él tiene esa libertad, pero eso no le impide asumir un compromiso, aunque no entienda bien por qué lo hace.

Un guerrero de la luz toma decisiones. Su alma es independiente como las nubes en la atmósfera, pero él tiene un compromiso con su sueño. En su camino libremente escogido tiene que despertarse a horas que le desagradan, hablar con gente que no le aporta nada, hacer algunos sacrificios.

Los amigos le comentan: “Te sacrificas sin motivo. Tú no eres libre”.

El guerrero de la luz es libre. Pero sabe que un horno abierto no cuece un pan, y que necesita concentrarse y enfocar bien su objetivo.

Haciendo realidad sus ideas
En un guerrero de la luz se puede confiar. Comete algunos errores, cuando exagera un poco sus historias y acaba creyéndose más importante de lo que realmente es. Pero, por ser un guerrero de la luz, le está terminantemente prohibido mentir.

Cuando se reúne con sus compañeros alrededor de la hoguera, y conversa con ellos, sabe que sus palabras quedan registradas en la memoria del Universo, y que son testigos de lo que piensa.

El guerrero reflexiona: “¿Por qué hablo tanto, si muchas veces no soy capaz de hacer todo lo que digo?”.

Esta es una reflexión importante.

El corazón responde: “Si defiendes públicamente tus ideas, tendrás que esforzarte en vivir de acuerdo con ellas”.
Y como piensa que él es lo que muestran sus palabras, el guerrero acaba transformándose en lo que dice ser.
Texto retirado de: La Revista
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