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viernes, 11 de diciembre de 2009

Una Palabra Ya Olvidada

Por Paulo Coelho
El Alquimista

Delicadeza: esta palabra expresa un sentimiento cada vez más difícil de encontrar. Todos nosotros pasamos muchos días, o semanas enteras, sin recibir ningún gesto de cariño del prójimo. Son periodos difíciles, en los que el calor humano desaparece y la vida se resume en un arduo esfuerzo de supervivencia.

En los momentos en que el fuego ajeno calienta nuestra alma, debemos examinar nuestro propio hogar. Debemos colocar en él más leña e intentar iluminar la sala oscura en que se transformó nuestra vida.

Si somos capaces de amar, también seremos capaces de recibir amor; tan solo es cuestión de tiempo. Es por ello que ahora, más que nunca, hay que recordar la palabra olvidada: delicadeza.

El respeto para con los otros
Roseana Murray, una de las poetisas de más talento de nuestra generación, escribió Manual de la delicadeza - de la A a la Z (Editorial FTD). A continuación, algunos de sus versos:

El alma es invisible
Un ángel es invisible
El viento es invisible
El pensamiento es invisible

Y así y todo con delicadeza
se puede entrever el alma
se puede adivinar el ángel
se puede sentir el viento
se puede cambiar el mundo
con algunos pensamientos

De la delicadeza con uno mismo
El texto está adaptado de un poema de John Muir (1838-1914):
“Quiero dejar mi alma libre, para que pueda disfrutar de todos los dones que poseen los espíritus. Cuando esto sea posible, no intentaré conocer los cráteres de la luna, ni seguir los rayos de sol hasta su fuente. No intentaré entender la belleza de la estrella, o la desolación artificial del ser humano.

“Cuando sepa cómo liberar mi alma, seguiré a la aurora, y volveré con ella a través del tiempo. Cuando sepa liberar mi alma, me sumergiré en las corrientes que desembocan en un océano donde se cruzan todas las aguas y forman así el Alma del Mundo.

“Cuando sepa liberar mi alma, intentaré leer la espléndida página de la Creación desde el principio”.

De la delicadeza con la humanidad
Cuando Buda murió y llegó a las puertas del Paraíso, lo estaba esperando ya una multitud. Abrieron los portones y cantaron himnos en su loor, pero en lugar de entrar, Buda hizo una señal de que quería volver a la Tierra.

—Entra, estamos ansiosos por tu presencia –dijo una de las almas iluminadas.

—¿Cómo puedo entrar en un lugar que tantos hombres todavía no han tenido el privilegio de conocer? –preguntó Buda. —¿Cómo puedo entrar si el resto del mundo todavía no ha entrado?

“Prefiero quedarme aquí, y esperar al resto de la humanidad; la gran alegría de un ser humano es poder compartir, con delicadeza, su felicidad con los demás”.


Texto retirado de: La Revista

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