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lunes, 15 de marzo de 2010

Por los cuatro costados

Por Paulo Coelho
El Alquimista

La verdad


“Hace más de dos mil años, un hombre fue condenado a muerte en nombre de los valores de su tiempo, pero nos dejó la gran definición de la Verdad”.

El sentido de la verdad
Como ya escribí aquí en cierta ocasión, la verdad tiene siempre muchas caras, y justamente en su nombre, la humanidad cometió algunos de sus peores crímenes. Civilizaciones enteras fueron destruidas, y los que buscaban un camino alternativo eran marginados. Hace más de dos mil años, un hombre fue condenado a muerte en nombre de los valores de su tiempo, pero nos dejó la gran definición de la Verdad.

Ésta no es lo que nos aporta certezas, ni profundidad, ni lo que nos hace sentirnos superiores a los demás. No es lo que nos mantiene en la prisión de los prejuicios. “Conoceréis la Verdad, y la Verdad os hará libres”, dijo Jesús. De eso se trata.

El presidente del tribunal
Leí la siguiente noticia en el periódico español La Vanguardia:
El presidente del tribunal, Josep María Pijuan, debía averiguar cuál de las versiones de violación dadas por la víctima, la niña J., de once años, era la más próxima a la realidad. Los abogados que presenciaban el interrogatorio no creían que ella consiguiese superar las contradicciones que presentaban sus declaraciones.

En un momento dado, el juez le hizo una pregunta de cariz casi filosófico:

-¿Cuál es la verdad: lo que imaginas, o lo que te pidieron que contases?
-La verdad es el daño que me hicieron.

El abogado Jufresa, jurista de reconocido prestigio, afirmó que ésta había sido una de la definiciones más brillantes que había escuchado en toda su carrera.

La verdad y los demás
-Cuando mires a tus compañeros, intenta verte a ti mismo en ellos-, dijo el maestro japonés Okakura Kakuso.
-¿Pero esto no es egoísmo?
-Nosotros vemos la maldad en los otros, porque conocemos la maldad a través de nuestro comportamiento. Nunca perdonamos a los que nos hieren, porque pensamos que nunca seremos perdonados. Le decimos al prójimo la dolorosa verdad, porque queremos esconderla de nosotros mismos. Nos refugiamos en el orgullo, para que nadie pueda ver nuestra fragilidad.

Por eso, siempre que estés juzgando a tu hermano, debes tener conciencia de que eres tú quien está ante el tribunal.

Dónde está la verdad
-Algunos discípulos me preguntan constantemente por el paradero de la verdad –dijo Maal-El-. Entonces, un día decidí apuntar hacia una dirección cualquiera, intentando mostrar que lo importante es recorrer un camino, y no quedarse pensando sobre él.

Pero en lugar de mirar en la dirección que yo apuntaba, el hombre que me hizo la pregunta se puso a examinar mi dedo, intentando descubrir dónde se escondía la verdad.

A la hora de buscar un maestro, las personas deberían esperar vivencias que les permitieran evitar determinados obstáculos. Pero, desgraciadamente, la realidad es bien diferente: quieren usar la ley del menor esfuerzo, intentando encontrar respuestas para todo.

Texto retirado de: La Revista

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