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domingo, 20 de febrero de 2011

El Misterio


Por Paulo Coelho

El Alquimista

Escuchando al corazón

“Procura vivir con la misma intensidad que un niño. Él no pide explicaciones, se sumerge en cada día como si fuese una aventura diferente y, por la noche, duerme cansado y feliz”.
Diálogos con el maestro (3)
Continúo reproduciendo fragmentos de conversaciones con mi maestro J.

P. Coelho: ¿Qué estamos haciendo en esta Tierra?
J.: ¿Sinceramente? No sé. Ya busqué en muchos rincones, en lugares iluminados y oscuros; hoy estoy convencido de que nadie lo sabe... solamente Dios.

P.C.: No es una buena respuesta.
J.: Es una respuesta honesta. Mucha gente te explicará con detalles la razón de la existencia. No les creas, ellos continúan atadas al antiguo lenguaje, y solo creen en las cosas que tienen explicación.

P.C.: ¿Entonces no hay una razón para vivir?
J.: Dije que no sé la razón. Pero claro que existe un motivo para estar aquí, y Dios lo conoce.

P.C.: ¿Por qué no nos lo revela?
J.: Lo revela a cada uno de nosotros, pero a través de un lenguaje que a veces no aceptamos porque no es lógico, y estamos demasiado acostumbrados a recetas y fórmulas. Nuestro corazón sabe por qué estamos aquí. Aquel que escucha a su corazón, sigue sus señales y vive su Leyenda Personal, entenderá que está participando en algo, aun cuando no lo comprenda racionalmente. Dice la tradición que un segundo antes de nuestra muerte nos damos cuenta de la verdadera razón de la existencia. Y en este momento nacen el Infierno y el Paraíso.

P.C.: No lo he entendido.
J.: El Infierno es, en esta fracción de segundo, mirar para atrás y saber que desperdiciamos una oportunidad de honrar a Dios y dignificar el milagro de la vida. El Paraíso es poder decir, en este momento: “Cometí algunos errores pero no fui cobarde: viví mi vida, e hice lo que debía hacer”. Tanto el Infierno como el Paraíso nos acompañarán por mucho tiempo, pero no para siempre.

P.C.: ¿Cómo puedo saber si estoy viviendo mi vida?
J.: Porque, en vez de amargura, sientes entusiasmo. Esa es la única diferencia. Por otra parte, hay que respetar el Misterio y aceptar –con humildad– que Dios tiene un plan para nosotros. Un plan generoso, que nos conduce hacia su presencia y que justifica estos millones de estrellas, planetas, agujeros negros...

P.C.: Es muy difícil vivir sin una explicación.
J.: ¿Puedes explicar por qué el hombre necesita dar y recibir amor? No. Y tú vives con eso, ¿o no? Y no solo eso, sino que el amor es lo más importante de la vida. Y sin embargo, no existe ninguna explicación. De la misma manera, tampoco hay explicación para la vida. Pero existe una razón para nuestra estancia aquí, y tienes que ser lo suficientemente humilde para aceptar eso.
Confía en mis palabras: la vida de cada uno de los seres humanos tiene un sentido, aun cuando él cometa el error de pasar gran parte de su tiempo en la Tierra buscando una respuesta, mientras se olvida de vivir. Te daré un ejemplo: Había asistido a la fiesta de conmemoración de los 50 años de mi graduación como bachiller. Allí, en la escuela donde estudié cuando era un adolescente, encontré a muchos amigos. Bebimos e hicimos las mismas bromas de antes.

En un momento, miré hacia el patio del colegio. Entonces me vi siendo un niño, jugando con ellos, encarando a la vida con sorpresa e intensidad. Aquel niño que fui pareció tomar forma y se aproximó a mí. Me miró a los ojos y sonrió. Entonces entendí que no había traicionado mis sueños de infancia. Que el niño que fui, aún estaba orgulloso de mí. Que la misma razón que tenía para vivir continuaba viva en mi corazón.

“Procura vivir con la misma intensidad que un niño. Él no pide explicaciones, se sumerge en cada día como si fuese una aventura diferente y, por la noche, duerme cansado y feliz”. (Continuará...)
Texto retirado de: La Revista

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