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lunes, 11 de junio de 2012

Pureza

«Bienaventurados los puros, porque verán a Dios.»

Estudiando la palabra del Maestro Divino, recordemos que en el mundo, hasta hoy, no existió nadie como Él, con tanta pureza en su alma. Nos cabe, pues, recordar cómo veía Jesús en el camino de la vida, para reconocernos con seguridad que, aunque en la Tierra, sabía encontrar la Presencia Divina en todas las situaciones y en todas las criaturas. Para mucha gente, el pesebre era lugar despreciable; sin embargo, Él veía a Dios en la humildad con que la Naturaleza le ofrecía materno regazo y transformó la cuadra en un poema de excelsa belleza.

Para mucha gente, María de Magdala era mujer sin ningún valor, por la condición de obsesada en que se mostraba en la vida pública; sin embargo, Él veía a Dios en aquel corazón femenino atormentado de sufrimiento y la convirtió en mensajera de la celeste resurrección.

Para mucha gente, Simón Pedro era hombre rudo e inconstante, indigno de mayor consideración; sin embargo, Él veía a Dios en el espíritu atribulado del pescador semianalfabeto que el pueblo menospreciaba y lo transformó en paradigma de la fe cristiana, por todos los siglos.

Para mucha gente, Judas era negociante de desconfiada expresión, capaz de astutos ardides en loor de sí mismo; sin embargo, Él veía a Dios en el alma inquieta del compañero que los otros menoscababan y le extendió brazos amigos hasta el fin de la penosa deserción a la que el discípulo distraído se entregó, desatento.

Para mucha gente, Saulo de Tarso era guardián intransigente de la Ley Antigua, vanidoso y perverso, en defensa de sus caprichos; sin embargo, Él veía a Dios en aquel espíritu atormentado, y lo buscó personalmente, para confiarle importante embajada.

Si purificases así el corazón, identificarías la presencia de Dios en todas partes, comprendiendo que la esperanza del Creador no desalienta con criatura alguna, y percibirías que la maldad y el crimen son sólo espinos y fango que envuelven el campo del alma —el brillante divino que vendrá fatalmente a la luz…

Y aprendiendo y sirviendo, ayudando y amando pasarás, en la Tierra, como mensaje incesante de amor, enseñando a los hombres que te rodean a convertir el charco en cuna de pan y a entender que, incluso en las profundidades del pantano, pueden surgir lirios perfumados y puros para exaltar la gloria de Dios.

Dictado por el espíritu Emmanuel

Pintura de: Ayib Makmun Arif
Tomada del blog Recogedor

Texto retirado de: Luz Espiritual

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