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domingo, 5 de agosto de 2012

Niños y adultos: Encuentros necesarios

Por Paulo Coelho

El Alquimista

“Primera cualidad: puedes hacer grandes cosas, pero no olvides nunca que existe una Mano que guía tus pasos. Esta mano nosotros la llamamos Dios, y Él siempre te conducirá en dirección a Su voluntad”.
La historia del lápiz
El niño miraba al abuelo escribir una carta. En un momento dado, le preguntó:
–¿Estás escribiendo una historia que nos pasó a los dos? ¿Es, por casualidad, una historia sobre mí?
El abuelo dejó de escribir, sonrió, y le dijo al nieto:
–Estoy escribiendo sobre ti, es cierto. Sin embargo, más importante que las palabras es el lápiz que estoy usando. Me gustaría que tú fueses como él cuando crezcas.
El niño miró el lápiz, intrigado, y no vio nada de especial.
–¡Pero si es igual a todos los lápices que he visto en mi vida!
–Todo depende del modo en que mires las cosas. Hay en él cinco cualidades que, si consigues mantenerlas, harán de ti una persona por siempre en paz con el mundo.
“Primera cualidad: puedes hacer grandes cosas, pero no olvides nunca que existe una Mano que guía tus pasos. Esta mano nosotros la llamamos Dios, y Él siempre te conducirá en dirección a Su voluntad.
“Segunda cualidad: de vez en cuando necesito dejar lo que estoy escribiendo y usar el sacapuntas. Eso hace que el lápiz sufra un poco, pero al final, está más afilado. Por lo tanto, debes ser capaz de soportar algunos dolores, porque te harán mejor persona.
“Tercera cualidad: el lápiz siempre permite que usemos una goma para borrar aquello que está mal. Entiende que corregir algo que hemos hecho no es necesariamente algo malo, sino algo importante para mantenernos en el camino de la justicia.
“Cuarta cualidad: lo que realmente importa en el lápiz no es la madera ni su forma exterior, sino el grafito que hay dentro. Por lo tanto, cuida siempre de lo que sucede en tu interior.
“Finalmente, la quinta cualidad del lápiz: siempre deja una marca. De la misma manera, has de saber que todo lo que hagas en la vida, dejará trazos, e intenta ser consciente de cada acción”.
¿Lloverá o no lloverá?
Tras cuatro años de sequía en una pequeña aldea del nordeste, el párroco reunió a todos para una peregrinación a la montaña. Allí elevarían una plegaria colectiva para pedir que lloviera.
En el grupo, el padre se fijó en un niño que llevaba puesto un impermeable.
–¿Es que estás loco? –le preguntó–. Hace cinco años que no llueve en esta región. ¡La subida te va a matar de calor!
–Estoy resfriado, padre. Si vamos a pedir lluvia a Dios, ¿se ha imaginado ya el camino de vuelta? Va a caer un chaparrón tal que más vale estar preparado.
En ese momento, se oyó un gran estruendo en el cielo y comenzaron a caer las primeras gotas. Bastó la fe de un niño para realizar un milagro en el que no creían ni quienes estaban más preparados.

Texto retirado de: La Revista



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