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miércoles, 22 de agosto de 2012

Perdón y libertad

Aprendamos a perdonar, conquistando la libertad de servir.
Es imprescindible olvidarse del mal para que el bien se efectúe.
Donde trabajas, práctica la tolerancia constructiva para que la tarea no se esclavice a perturbaciones…
En casa, guarda el entendimiento fraterno, a fin de que la sombra no te espose el espíritu al desespero…
Donde estuvieres y adonde fueres, acuérdate del perdón incondicional, para que el auxilio a los otros te asegure paz a la vida.
Es indispensable que la comprensión reine hoy entre nosotros, para que mañana no estemos encarcelados en la red de la oscuridad. La muerte no es la libertad pura y simple.
Desencarnarse el alma del cuerpo no es exonerarse de los sentimientos que le son propios.
Muchos conducen consigo, en la otra vida, una copa de hiel envenenada con la que aniquilan los mejores sueños de los que se quedaron en la Tierra, y muchos de los que se quedan en la Tierra conservan con ellos en el corazón un vaso de fuego vivo con el que destruyen las mejores esperanzas de los que demandan el gris portal del túmulo.
No procures para tu alma el infierno invisible del odio.
Acomódate con el adversario hoy mismo, procurando entenderlo y servirlo, para que mañana no te matricules en angustiosas contiendas con fuerzas ocultas.
Transferir la reconciliación para el camino de la muerte es atormentar el camino de la propia vida.
Disculpa siempre, reconociendo que no prescindimos de la paciencia ajena. Ni siempre somos nosotros la víctima real, una vez que, por actitudes ni manifiestas, inducimos al prójimo a actuar contra nosotros convirtiéndonos, ante los tribunales de la Justicia Divina, en autores, intelectuales de delitos que pasamos a lamentar indebidamente delante de los otros.
Toda intolerancia es violencia.
Toda dureza espiritual es crueldad.
Casi siempre, la crítica es el corrosivo del bien, tanto como la acusación habitualmente, es un chicote de brasas.
Es conociendo que encontraremos en el trayecto la proyección de nosotros mismos, conservemos el perdón por ser el defensor de nuestra libertad, ayudando ahora para que no seamos desamparados después.


Dictado por el espíritu: Emmanuel
Extraído del libro "Trevo de Idéias"

Pintura de: Olga Noes
Tomada del blog Recogedor
Texto retirado de: Luz Espiritual

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