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domingo, 7 de abril de 2013

Sobre la intolerancia: Religión y mucha fe

Por Paulo Coelho 

El Alquimista

“Siempre creemos, aun sin reconocerlo o aceptarlo, y por eso es tan fácil despertar la chispa. Además, cuanto más vivimos, más cerca estamos de Dios. La leña vieja arde siempre con más facilidad”.
Los dos dioses
Existen dos dioses.
El dios que nos enseñaron nuestros profesores, y el Dios que nos enseña.
El dios del que habla la gente, y el Dios que habla con nosotros.
El dios que aprendemos a temer, y el Dios que nos habla de misericordia.
El dios que está en las alturas, y el Dios que participa de nuestra vida diaria.
El dios que nos hace pagar, y el Dios que perdona nuestras deudas.
El dios que nos amenaza con los castigos del infierno, y el Dios que nos enseña el mejor camino
Existen dos dioses.
Un dios que nos aparta por nuestras culpas, y un Dios que nos llama con su amor.
¿Quién desea ir al cielo?
Un cura, que en todos los placeres de la vida veía al diablo, fue al bar de la ciudad para pedir a los parroquianos que fueran a la iglesia aquella tarde. Así lo hicieron todos. Con la iglesia repleta, el padre bramó:
–¡Acabad con tanta bebida! ¡Que levante la mano derecha todo aquel que desea ir al cielo!
La iglesia entera levantó la mano, excepto Manoel, a quien se consideraba un hombre digno y cumplidor de sus deberes.
Sorprendido, el padre preguntó:
–Y tú, Manoel, ¿no quieres ir al cielo cuando mueras?
–Claro que quiero. Pero todavía no he probado la vida que Dios me ha dado, ¡y usted quiere que vaya al cielo ya!
Ninguna fe
Jesús ha decidido asistir al gran partido de fútbol entre católicos y protestantes. Llegan hinchadas de todas partes del mundo, con sus biblias, sus corazones y sus convicciones.
Comienza el juego. Hacia el final de la primera parte, un católico chuta y marca un gol. La grada lo celebra, Jesús se levanta y lo celebra también.
Al principio del segundo tiempo, los protestantes empatan el partido. La otra hinchada se felicita con gritos de júbilo y agradecimiento a los cielos. Jesús vuelve a levantarse y celebrarlo, al ver que todos sus hijos están contentos.
–¿Quién eres tú, que celebras los dos goles? –pregunta un hincha.
–Estoy viendo un bello espectáculo –responde Jesús–. ¡Y me estoy divirtiendo mucho!
–Ya lo veo –repuso el aficionado–. Usted no respeta ninguna fe.
El combustible
–Maestro, ¿qué es la fe?
El maestro le pidió al discípulo que encendiese una hoguera. Se sentaron los dos frente a ella, contemplando el fuego.
–He aquí la fe –dijo el maestro–. La leña de la hoguera. El combustible que mantiene encendida la llama de Dios en nuestro corazón.
–Pero la leña necesita de una chispa para transformarse en luz.
–Existen varias chispas. La más común se llama Voluntad. Basta con querer tener fe, para que esta se aparezca en nuestro camino.
–¿Incluso si nos pasamos la vida entera sin creer en nada?
–Siempre creemos, aun sin reconocerlo o aceptarlo, y por eso es tan fácil despertar la chispa. Además, cuanto más vivimos, más cerca estamos de Dios. La leña vieja arde siempre con más facilidad.
Texto retirado de: La Revista

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