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domingo, 23 de marzo de 2014

Buenos ejemplos: Para todos los días

Por Paulo Coelho 

El Alquimista

“Yo lo perdoné, pero él siguió odiándome desde el fondo de su corazón”, dijo el rabino. Por eso, su odio fue contaminando todo lo que hacía, y el castigo de Dios se hizo aún más duro de lo que ya era".

Al borde de la muerte

A mediados de 1970, cuando estaba a punto de terminar su doctorado en física, el científico Ste-phen Hawking –que ya entonces sufría una enfermedad que lo iba paralizando– escuchó de boca de un médico que le quedaban dos años de vida. “En ese caso procuraré entender el Universo, puesto que ya no voy a necesitar pensar en cuestiones como la jubilación o las cuentas por pagar”, reflexionó.
Como la enfermedad progresaba rápidamente, se vio obligado a crear fórmulas simples para explicar –en el menor tiempo posible– todo lo que pensaba. Pasaron dos años y medio, y después transcurrieron otros treinta años, y Hawking continúa vivo. Consigue comunicar sus ideas abstractas a través de un pequeño ordenador acoplado a su silla de ruedas que dispone de apenas quinientas palabras diferentes. Escribió el clásico Breve historia del tiempo, y fue el responsable de una nueva visión de la física moderna.
La enfermedad, en lugar de conducirlo a la invalidez total, lo forzó a descubrir una nueva manera de raciocinio.

Comprendiendo el valor del perdón

El rabino Nahum de Chernobyl vivía siendo ofendido constantemente por un comerciante. Un día los negocios de este último comenzaron a andar muy mal. “Debe de ser el rabino, que está pidiendo venganza a Dios”, pensó. Y fue a pedir disculpas a Nahum.
!Yo te perdono con el mismo espíritu que tú me has perdonado!, respondió el rabino.
Pero las pérdidas de aquel hombre continuaron creciendo cada vez más, hasta quedar completamente arruinado. Los discípulos de Nahum, horrorizados, fueron a preguntarle sobre lo ocurrido.
“Yo lo perdoné, pero él siguió odiándome desde el fondo de su corazón”, dijo el rabino. Por eso, su odio fue contaminando todo lo que hacía, y el castigo de Dios se hizo aún más duro de lo que ya era.

Las fallas de Valencia

Las fallas de Valencia (España) tienen un curioso ritual, cuyo origen está en el antiguo gremio de los carpinteros. A lo largo del año, artesanos y artistas construyen gigantescas esculturas de madera. En la semana de la fiesta llevan estas esculturas al centro de la plaza principal: la gente pasa, comenta, se maravilla y conmueve frente a tanta creatividad.
Entonces, en el día de San José, todas estas obras de arte, salvo una, arden en una gigantesca hoguera, ante los ojos de miles de curiosos.
“¿Para qué tanto trabajo en balde?”, preguntó una inglesa a mi lado, mientras las inmensas llamaradas se elevaban hacia al cielo.
“Usted también dejará de existir un día”, respondió una española. “¿Se imagina que, en ese momento, un ángel preguntase a Dios para qué tanto trabajo en balde?”.

Texto retirado de: La Revista

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