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domingo, 5 de octubre de 2014

Palabras: Y búsquedas espirituales

Por Paulo Coelho 

El Alquimista

“Si dos compañeros de jornada están siguiendo el mismo método, esto significa que uno de ellos está en la senda equivocada. Porque no hay fórmulas para alcanzar la verdad del Camino, y cada uno necesita correr los riesgos de sus propios pasos”.

El poder de la palabra

De todas las poderosas armas de destrucción que el hombre fue capaz de inventar, la más terrible –y la más cobarde– es la palabra.
Los puñales y las armas de fuego dejan rastros de sangre. Las bombas hacen que los edificios y las calles tiemblen. Los venenos terminan siendo detectados.
Pero la palabra destructora consigue despertar el mal sin dejar huella. Los niños son condicionados durante años por sus padres, los artistas son implacablemente criticados, las mujeres son sistemáticamente masacradas por comentarios de sus maridos, los fieles son mantenidos lejos de la religión por aquellos que se juzgan capaces de interpretar la voz de Dios.
Procura ver si tú estás haciendo uso de esta arma. Intenta averiguar si están empleando esta arma contra ti. Y no permitas que ninguna de las dos cosas suceda.

Apolo y Dafne

El dios Apolo persigue a la ninfa Dafne por el bosque. Está enamorado de ella, pero Dafne –siempre cortejada por todos– no aguanta más su propio brillo y pide ayuda a los dioses, diciendo:
“Destruid esta belleza que nunca me deja en paz”.
Los dioses escuchan la petición de Dafne y la transforman en un árbol, el laurel. Apolo ya no consigue encontrarla, pues ahora ella es apenas una parte de la vegetación.
Dafne actuó de una manera que todos conocemos bien: muchas veces matamos nuestros talentos, porque no sabemos qué hacer con ellos.
Es más cómoda la mediocridad de ser apenas “uno más” que la lucha para mostrar todo aquello de lo que somos capaces con los dones que Dios nos dio.

No hay dos caminos iguales

En uno de sus raros escritos, el sabio sufí Hafik comenta la búsqueda espiritual.
«Acepta con sabiduría el hecho de que el Camino está lleno de contradicciones. El Camino muchas veces se niega a sí mismo, para estimular al viajero a descubrir lo que existe después de la próxima curva.
»Si dos compañeros de jornada están siguiendo el mismo método, esto significa que uno de ellos está en la senda equivocada. Porque no hay fórmulas para alcanzar la verdad del Camino, y cada uno necesita correr los riesgos de sus propios pasos.
»Solo los ignorantes quieren imitar el comportamiento de los demás. Los hombres inteligentes no pierden su tiempo con esto, y desarrollan sus habilidades personales; saben que no existen dos hojas iguales en un bosque de cien mil árboles. No existen dos viajes iguales en el mismo Camino».

Doña Cucarachita y la moneda

Una vieja historia infantil nos habla de doña Cucarachita, que encontró una moneda al barrer su casa. Después de pasar mucho tiempo en la ventana, escogiendo el pretendiente adecuado a sus miedos y anhelos, terminó casándose con Juan Ratón. Como todos sabemos, Juan Ratón se cayó en la olla del cocido.
Muchas veces en nuestras vidas, encontramos una moneda que nos concede el destino, y nos parece que este es el único tesoro de nuestras vidas. Acabamos valorándola tanto, que el destino –el mismo que nos entregó esta moneda– se encarga de arrebatárnosla.

Crédito de foto: @paulocoelho
Texto retirado de: La Revista

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