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jueves, 22 de noviembre de 2012

Mañana

Muchas veces a la semana repetimos la palabra “mañana”.
Acostumbramos decir «mañana» al vecino que nos pide cooperación y consuelo. Habitualmente relegamos para mañana toda tarea espinosa. 

Siempre que surge la dificultad pidiendo mayor esfuerzo, recurrimos a mañana. Sin duda, el “mañana” constituye luminosa esperanza con la renovación del Sol en el camino, pero también representa el servicio que dejamos de realizar. Es de ley que la cuenta duerma con el deudor, despertando con él al día siguiente.

En el instituto de la reencarnación, de ese modo, transportamos con nosotros, sea donde fuere, las oportunidades del presente y los débitos del pasado. 
Es así que los ricos de hoy, enquistados en la avaricia y en el egoísmo, volverán mañana en el martirio oscuro de los pobres, para que conozcan de cerca las garras del infortunio y las duras lecciones de la necesidad; y los pobres, envenenados de envidia y odio, retornarán en el bienestar de los ricos, a fin de que sepan cuánto cuestan la tentación y la responsabilidad de poseer; titulados distintos del mundo, como son los magistrados y los médicos, cuando menosprecian las concesiones con que el Señor les galardona el campo de la inteligencia, haciendo de ellas instrumento de escarnio a las luchas del prójimo, resurgirán en el banco de los reos y en el lecho de los hospitales, para que experimenten los problemas y las angustias del pueblo; hijos indiferentes e ingratos volverán como siervos apagados y humildes en el hogar que mancillan, y padres insensatos e inhumanos regresarán al tronco doméstico, recogiendo en los descendientes los frutos amargos de la criminalidad y del vicio que cultivaron con sus propias manos; mujeres ennoblecidas que huyen al ministerio familiar, provocando el aborto delictuoso por el hambre de placer, reaparecerán enfermas y estériles, tanto como hombres válidos y robustos que envilecen la vida en el abuso de las fuerzas respetables de la naturaleza, resurgirán en el teatro del mundo cargando en su propio cuerpo el desequilibrio y la molestia que adquirieron, desatentos. 

No te olvides, por lo tanto, de que el bien es el crédito infalible en el libro de la eternidad, y recuerda que el «después» será siempre la resultante del «ahora». 

Todos los días es tiempo de renovar el destino. 

Todo instante es posibilidad de empezar lo mejor. 

No dejes, así, para mañana el bien que puedas hacer. 

Hazlo hoy.


Dictado por el espíritu: Emmanuel
Extraído del libro "
Religión  de los Espíritus"

Pintura de: Yuqi Wang
Tomada del blog TODO POR EL ARTE
Texto retirado de: Luz Espiritual

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