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domingo, 2 de febrero de 2014

Ritual chamánico: La segunda oportunidad

Por Paulo Coelho 

El Alquimista

“Solo había una manera de vencer las tentaciones de su antigua vida: enfocar toda su atención en el borde del abismo, concentrarse en cada paso, mantener la calma, no tener apego a nada que no fuera el momento presente”.
Carlos Castaneda cuenta cómo el maestro de su maestro, Julián Osorio, se transformó en un nahual, hechicero según las tradiciones mexicanas.
Julián trabajaba como actor en un teatro itinerante en el interior de México. No obstante, la vida de artista era apenas un pretexto para huir de las convenciones impuestas por su tribu: en realidad, lo que más le gustaba a Julián era beber y seducir mujeres. Exageró tanto, forzó tanto su salud, que acabó contrayendo tuberculosis.
Elías, un hechicero muy conocido entre los indios yaquis, daba su paseo vespertino cuando encontró a Julián caído en el campo; sangraba por la boca, y la hemorragia era tan intensa, que Elías –capaz de ver el mundo espiritual– se dio cuenta de que la muerte del pobre actor estaba ya próxima.
Haciendo uso de algunas hierbas que llevaba en su bolsa, consiguió parar la hemorragia. Después, se volvió hacia Julián:
-No puedo curarte. Todo lo que podía hacer, ya lo he hecho. Tu muerte está muy próxima, dijo.
-No quiero morir, soy joven, espondió Julián.
Elías, como todo nahual, estaba más interesado en comportarse como un guerrero –concentrando su energía en la batalla de su vida– que en ayudar a alguien que nunca había respetado el milagro de la existencia. Sin embargo, sin conseguir explicarse por qué, acabó atendiendo a la petición.
-Voy a las cinco de la mañana a las montañas –dijo–. Espérame a la salida del poblado. No faltes. Si no vienes, vas a morir antes de lo que crees: tu única posibilidad es aceptar mi invitación. Nunca podré reparar el daño que ya has infligido a tu cuerpo, pero puedo desviar tu avance hacia el precipicio de la muerte. Todos los seres humanos caen en este abismo más tarde o más temprano; tú estás a algunos pasos de él, y no puedo hacerte retroceder.
-¿Qué es lo que puede hacer?
-Puedo hacer que camines por el borde del abismo. Voy a desviar tus pasos para que continúes por la enorme extensión de esta orilla entre la vida y la muerte; puedes caminar hacia la izquierda o hacia la derecha, pero, mientras no caigas en él, seguirás vivo.
El nahual Elías no esperaba gran cosa del actor, un hombre perezoso, libertino y cobarde. Se quedó sorprendido cuando, a las cinco de la mañana del día siguiente, lo encontró esperándolo en uno de los extremos de la aldea. Lo condujo a las montañas, le enseñó los secretos de los antiguos nahuales mexicanos, y con el tiempo Julián Osorio se transformó en uno de los más respetados hechiceros yaquis. Nunca se curó de la tuberculosis, pero vivió hasta los 107 años, siempre al borde del abismo. Cuando llegó el momento adecuado, empezó a aceptar discípulos, y fue el responsable del entrenamiento de don Juan Matus, que a su vez le enseñó las antiguas tradiciones a Carlos Castaneda. Castaneda, con su serie de libros, acabó popularizando estas tradiciones en el mundo entero.
Una tarde, conversando con otra discípula de don Juan, Florinda:
-Es importante para todos examinar el camino del nahual Julián al borde del abismo. Nos permite entender que todos tenemos una segunda oportunidad, aunque ya estemos muy cerca de rendirnos.
Castaneda estuvo de acuerdo: examinar el camino de Julián significaba entender su extraordinaria lucha para mantenerse vivo. Entendió que esta lucha se trababa segundo a segundo, sin ningún descanso, contra los hábitos perniciosos y la autocompasión. No era una batalla esporádica, sino de un esfuerzo disciplinado y constante para mantener el equilibrio; cualquier distracción o momento de debilidad podría matarlo.
Solo había una manera de vencer las tentaciones de su antigua vida: enfocar toda su atención en el borde del abismo, concentrarse en cada paso, mantener la calma, no tener apego a nada que no fuera el momento presente.
Texto retirado de: La Revista

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