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domingo, 15 de marzo de 2015

Encontrando al gurú II: Los malos discípulos

Por Paulo Coelho 

El Alquimista

“Quien no equilibra trabajo con descanso, pierde el entusiasmo, agota su energía, y no llega muy lejos”.
Un discípulo preguntó a Firoz: La simple presencia de un maestro, hace que toda clase de curiosos se aproximen para descubrir algo que les pueda beneficiar. ¿No podría ser esto perjudicial o negativo? ¿No puede esto desviar al maestro de su camino, o hacer que sufra porque no consiguió enseñar lo que quería?
Firoz, el maestro sufí, respondió:
— La visión de un árbol cargado de frutas despierta el apetito de todos los que pasan por su lado. Si alguien desea saciar su hambre más allá de su capacidad, termina comiendo más fruta de la necesaria, y se encuentra mal. Sin embargo, esto no causa ningún tipo de indigestión al dueño del árbol.
Lo mismo sucede con la búsqueda. El camino tiene que estar abierto para todos: pero Dios se encarga de colocar los límites de cada uno.

Más allá de los propios límites

Un arquero caminaba por los alrededores de un monasterio hindú conocido por la severidad de sus enseñanzas, cuando vio a los monjes en el jardín, bebiendo y divirtiéndose.
— Qué cínicos son aquellos que buscan el camino de Dios —comentó el arquero en voz alta. —Dicen que la disciplina es importante, y se embriagan a escondidas!
— Si disparas cien flechas seguidas, ¿qué le sucederá a tu arco? preguntó el monje de más edad.
— Mi arco se romperá.
— Si alguien se esfuerza más allá de sus propios límites, también rompe su voluntad. Quien no equilibra trabajo con descanso, pierde el entusiasmo, agota su energía, y no llega muy lejos.

Aún falta algo

El maestro yogui Paltrul Rinpoché oyó hablar de un ermitaño con fama de santo, que vivía en una montaña, y fue a buscarlo.
— ¿De dónde vienes?— preguntó el ermitaño.
— Vengo de donde señalan mis espaldas, y voy hacia donde está dirigido mi rostro — respondió Rinpoché. —Un sabio debería saber eso.
— Es un respuesta tonta con pretensiones de filosófica — refunfuñó el ermitaño.
— ¿Y usted, qué hace?
— Llevo veinte años meditando sobre la perfección de la paciencia. Estoy próximo a ser considerado santo.
— La gente piensa que usted ya se transformó en lo que deseaba — comentó Rinpoché. — ¡Consiguió engañar a todo el mundo!
Furioso, el ermitaño se incorporó:
— ¿Cómo osas perturbar a un hombre que busca la santidad?
— Aún falta mucho para llegar a eso — dijo el yogui. — ¡Si una simple broma le hace perder la paciencia que tanto busca, estos veinte años fueron una completa pérdida de tiempo!

Reflexión

“Todo hombre, al nacer, tiene siempre una cuenta que saldar — porque recibió un bien, llamado vida, que precisa ser honrado. Nadie puede liquidar su débito de una sola vez, y por ello lo que hacemos es abrir un crédito, con intereses. Podemos pasar un mes u otro sin hacer el depósito, pero eso siempre nos hace infelices.
¿Cómo pagamos esta cuenta? Viviendo intensamente. Solo eso” (Morris West). (O)
Crédito de foto: @paulocoelho
Texto retirado de: La Revista

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