La mascota del blog

lunes, 19 de octubre de 2009

El teléfono y el don

El Alquimista

Al guerrero de la luz no le da miedo parecer un loco. Él habla en voz alta consigo mismo, cuando se encuentra solo. Alguien le enseñó que esta es la mejor manera de comunicarse con los ángeles, y él se arriesga a entrar en contacto.
En el silencio hay la posibilidad de conectarnos con fuerzas misteriosas. Pero en las conversaciones telefónicas pueden surgir otros caminos...
Al principio se da cuenta de lo difícil que es; piensa que no tiene nada que decir, que se va a poner a repetir estupideces sin sentido.
De todas formas, el guerrero insiste. Todos los días conversa con su corazón: dice cosas con las que no está de acuerdo, también dice tonterías. Cierto día percibe un cambio en su voz, y comprende que está canalizando una sabiduría mayor.

El guerrero parece loco, pero se trata apenas de un disfraz; se atrevió a interrogar a su ángel sobre las informaciones que necesitaba, y consiguió obtenerlas.

Pero, dejando de lado estas importantes conversaciones con uno mismo, es importante recordar que durante milenios el hombre solo hablaba con aquello que conseguía ver. De repente, en apenas un siglo, el “ver” y el “hablar” se separaron.

El causante de esto fue un objeto extraordinariamente sencillo: el teléfono.

A nosotros nos parece que ya estamos muy acostumbrados a este aparato y no nos damos cuenta del enorme impacto que ha causado en nuestros actos reflejos. Nuestro cuerpo y nuestros sentidos, sencillamente, aún no se han habituado.

El efecto concreto es que, cuando hablamos por teléfono, conseguimos entrar en un estado muy semejante a ciertos trances mágicos. Conozco a personas vinculadas a ciertas tradiciones que siempre tienen papel y lápiz junto al teléfono; se pasan el tiempo garabateando cosas aparentemente sin sentido, mientras hablan. Cuando cuelgan, ven que lo que han emborronado son generalmente símbolos de la Tradición de la Luna, la más clásica de todas, que usa los caminos tradicionales para buscar el conocimiento.

Cuando iniciamos el camino, siempre tenemos una idea más o menos definida de lo que pretendemos encontrar. Las mujeres generalmente buscan la Otra Parte, el amor que deben encontrar bajo la tierra, mientras que los hombres buscan el Poder. Pero el camino de la magia –como, en general, el camino de la vida– es el camino del Misterio. Aprender algo significa entrar en contacto con un mundo del que no se tiene ni la menor idea. Es necesario ser humilde para aprender.

Fíjense en los ojos de los que estaban hablando al teléfono. Son siempre unos ojos muy interesantes.

Un gran sabio sufí dedicó largos años a meditar sobre la vida. Para compartir su conocimiento realizó un dibujo en una hoja de papel  y se lo mostró a sus discípulos.

Los seguidores del sabio sufí se quedaron tan impresionados con la belleza del trabajo que mandaron a grabar el dibujo en una placa de bronce. Muy pronto se difundió la noticia y comenzaron a llegar peregrinos de todo el mundo con el objetivo de descifrar todos y cada uno de los trazos del dibujo. En pocos años, las personas empezaron a adorar la placa de bronce, como si fuese sagrada.

-¡El dibujo era apenas una explicación, no un objeto de culto! –dijo el sabio, decepcionado.

Inmediatamente ordenó fundir la placa y transformarla en un caldero.

-Por lo menos así el bronce permanece bello  y no pierde su significado.   


Texto retirado de: La Revista

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada

Blog Widget by LinkWithin