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miércoles, 30 de junio de 2010
Intrigas y Acusaciones

domingo, 27 de junio de 2010
Devoción y transformación

Dice Thich Nhat Hanh (Buda viviente, Cristo viviente): “En toda tradición religiosa existe una práctica de devoción, y otra de transformación. Devoción significa confiar más en nosotros mismos, y en el camino que estamos siguiendo. Transformación supone poner en práctica los retos que este camino nos impone.
Si alguien se dice: “quiero estudiar medicina”, esta frase ejerce una poderosa influencia en su vida, incluso mucho antes de tener que matricularse en una facultad. La persona percibe este paso como algo positivo, y quiere avanzar en esa dirección. Ocurre lo mismo en cualquier tradición religiosa.
Thich Nhat Hanh explica que la llave de la paz es la plena conciencia. Cuando bebemos un vaso de agua con absoluta conciencia de lo que estamos haciendo, comprendemos lo que significa la palabra “iluminación”: tener la visión clara en relación a alguna cosa.
Además de ser conscientes de nuestros actos, debemos ser responsables de lo que hacemos. Eso no tiene nada que ver con la preocupación.
Vamos a partir en dos la palabra preocupación: pre-ocupación. Es decir, ocuparse de algo antes de que ocurra. Intentar resolver problemas que aún no han tenido tiempo de manifestarse. Suponer que las novedades siempre se presentan de la peor manera posible.
Desde luego, hay muchas excepciones. El héroe de esta pequeña historia representa una de ellas:
Un viejo rey de la India condenó a un hombre a la horca. Nada más concluir el juicio, el condenado pidió:
-Su majestad es un hombre sabio, y curioso respecto a todo lo que sus súbditos son capaces de hacer. Respeta a los gurús, a los sabios, a los encantadores de serpientes, a los faquires. Pues bien: cuando yo era niño, mi abuelo me transmitió cierta técnica para hacer volar a un caballo blanco. No existe nadie más en este reino que sepa hacer tal cosa, así que mi vida debería ser respetada.
El rey ordenó inmediatamente que trajeran un caballo blanco.
-Necesito pasar dos años junto a este animal– dijo el condenado.
-Tienes dos años, pues– respondió el rey, ya medio desconfiado. Pero si el caballo no aprende a volar, serás ahorcado.
El hombre salió de allí con el caballo, más alegre que unas castañuelas. Cuando llegó a su casa, se encontró a toda su familia deshecha en lágrimas.
-Pero, ¿te has vuelto loco?– gritaban todos- ¿Desde cuándo alguien sabe en esta casa cómo hacer volar a un caballo?
-No os preocupéis– les respondió. Para empezar, nadie ha intentado nunca enseñar a volar a un caballo, y tal vez aprenda.
En segundo lugar, el rey está muy viejo, y podría morir en el transcurso de estos dos años.
En tercer lugar, el animal también puede morir, de manera que yo conseguiría otros dos años para entrenar a un nuevo caballo. Eso sin contar con la posibilidad de revoluciones, golpes de Estado o amnistías generales.
Y en todo caso, aunque todo continúe tal y como está, yo habré ganado dos años de vida en los que puedo hacer todo lo que me apetezca. ¿Os parece poco?
viernes, 25 de junio de 2010
La alegría de vivir sin culpa

En la cultura tai, amar lo que uno hace y elegir vivir cada día con alegría es visto como un valor social en sí. Los tailandeses tienen una actitud no culpable hacia la alegría, y eso es tan importante que han inventado una palabra para definirla: sanuk (algo así como ponerle alegría a lo que se hace).
Parte del atractivo que ha vuelto a Tailandia un destino turístico muy frecuentado es la hospitalidad de su gente. Esa hospitalidad tiene que ser, al menos en parte, la consecuencia de vivir la vida con alegría.
Me causó impresión ver una ciudad como Bangkok, de ocho millones de habitantes, con una sencilla alegría de vivir en sus rostros. Ese país es una tierra de sonrisas. Auténticas.
El fondo del asunto
En este punto, algunos lectores podrán pensar que estoy basándome en estereotipos o las impresiones alteradas que dejan las visitas cortas a un lugar. Pero si vemos el fondo de las raíces culturales tailandesas, se podría argumentar que sus sonrisas son en parte consecuencia de una práctica budista bien llevada. El budismo en su variante Theravāda que se practica en ese país pone énfasis no tanto en el cumplimiento de las reglas, sino en la capacidad del ser humano de conectarse con su lado noble.
Hay religiones que piden cosas virtualmente imposibles de cumplir para la mayor parte de la gente, como que el sexo solo debe ser para reproducirse o que hay que participar de las ceremonias religiosas. El problema de las reglas que reprimen la naturaleza humana es que pueden dar a entender que obrar mal es inevitable. Muchos han malinterpretado la filosofía de perdón y compasión de Jesús, y la han convertido en un salvoconducto para obrar mal y después arrepentirse.
En contraste, el concepto de karma del budismo dice que la energía negativa de nuestras malas acciones se acumula en nosotros mismos. Pero de la misma manera, las buenas acciones y el amor generan una vibración positiva que purifica lo que dejan las malas acciones. El budismo motiva a las personas a actuar bien, pero usa un sistema positivo de motivación.
Diferentes visiones
El problema de las religiones que disuaden el mal con la amenaza de un infierno es que el mundo moderno nos ha vuelto escépticos y mucha gente simplemente ya no cree que exista un infierno. Somos una civilización que mantuvo cierto orden mientras duró su miedo. Y de pronto entramos en crisis de valores. Comparado con los países budistas, los occidentales somos actualmente muy poco espirituales.
Al otro lado del mundo, Sidarta Gautama, el creador del budismo, más que un líder religioso fue un estudioso de la naturaleza humana que hizo un excelente trabajo para saber qué debe y qué no debe exigir una religión. El budismo no combate la naturaleza humana; se adapta a ella.
Cuando portarse bien deja de ser una obligación, se vuelve un ejercicio de felicidad. ¿Y quién no quiere ser feliz? Cuando ayudar se convierte en una satisfacción espiritual interna, deja de ser necesario el sacrificio. Cuando en lugar de pedirnos que vivamos sacrificándonos, una religión nos enseña que ser feliz es en sí algo positivo (y no algo para sentirse culpable), esa religión deja de ser percibida como algo caduco. En Tailandia me encontré con muchos intelectuales y gente joven que respetan y admiran la lógica detrás del budismo, y de hecho llevan vidas espirituales.
¿Conclusiones?
Sin necesidad de convertirnos al budismo, propongo que aprendamos de la funcionalidad de un modelo que pone más énfasis en la ética de fondo y menos en la formalidad y el cumplimiento de reglas. Después de todo, Jesús habló de compasión con quienes dependen de nosotros. Y los registros históricos lo sitúan como un adelantado a su tiempo que reivindicó el amor por encima de reglas y complicados ritos. Los tiempos modernos exigen una ética más auténtica. Es hora de hacer una revisión profunda de nuestros valores.
Texto retirado de: eluniverso.com
miércoles, 23 de junio de 2010
Conquista de Paz

lunes, 21 de junio de 2010
Leyendas cristianas

Nada más expirar en la cruz, el Hijo de Dios se dirigió directamente al infierno para salvar a los pecadores.
El demonio se entristeció muchísimo.
-Me he quedado sin función en este universo –dijo Satanás–. A partir de ahora, todos los marginales, los que transgredieron los preceptos, cometieron adulterio o infringieron las leyes religiosas, ¡todos serán perdonados y podrán ir directamente al paraíso!
Jesús lo miró y sonrió:
-No te lamentes. Aquí vendrán todos los que, creyéndose muy virtuosos, condenan sin cesar a los que no siguen mi palabra.
Espera unos pocos siglos y ya verás cómo el infierno acaba mucho más lleno que antes.
El monasterio puede acabar
El monasterio pasaba por tiempos difíciles; el mundo había cambiado: se decía que Dios era apenas una superstición, la Iglesia tenía problemas innumerables, y los jóvenes ya no querían ser novicios. Algunos se marcharon para estudiar sociología, otros empezaron a leer tratados de materialismo histórico, y poco a poco la pequeña comunidad que restó fue haciéndose a la idea de que habría que cerrar el convento.
Los monjes más veteranos fueron muriendo uno a uno. Cuando el último de estos estaba a punto de entregar su alma al Señor, llamó a su lecho de muerte a uno de los pocos novicios que aún quedaban.
-He tenido una revelación –le dijo–. Este monasterio fue elegido para algo muy importante.
-Qué pena –respondió el novicio–. Porque apenas quedamos cinco muchachos y no nos damos abasto para realizar todas las tareas, así que nos sería imposible llevar a cabo algo importante...
-Pues sí que es una pena. Porque, aquí en mi lecho de muerte, se me ha aparecido un ángel, y yo he comprendido que uno de vosotros cinco estaba destinado a convertirse en un santo.
Dijo estas palabras, y murió.
Durante el entierro, los muchachos se miraban entre sí, espantados. ¿Cuál habría sido el escogido? ¿El que más ayudaba a los habitantes de la aldea? ¿El que solía rezar con una devoción especial? ¿O el que predicaba con tal entusiasmo que hacía saltar las lágrimas de los que lo escuchaban?
Impresionados por el hecho de que hubiera un santo entre ellos, los novicios decidieron retrasar un poco el final del convento, y comenzaron a trabajar duro, a predicar con entusiasmo, a reconstruir las paredes caídas, a practicar la caridad y el amor.
Cierto día, un joven apareció a la puerta del convento: estaba impresionado con el trabajo de los cinco novicios, y estaba dispuesto a ayudarlos. En menos de una semana, otro joven hizo lo mismo. Poco a poco, el ejemplo de los novicios se hizo conocido en toda la región.
-Los ojos les brillan –le decía un hijo a su padre–, pidiéndole permiso para entrar al monasterio.
-Ellos hacen las cosas con amor –le comentaba un padre a su hijo–. ¿No ves cómo el monasterio está más bonito que nunca?
Diez años más tarde, ya había más de ochenta novicios. Nunca se llegó a saber si el comentario del anciano había sido sincero o si este había dado con una fórmula para lograr que el entusiasmo le devolviese al monasterio su dignidad perdida.
sábado, 19 de junio de 2010
Evitando Inquietudes

miércoles, 16 de junio de 2010
Colaboradores
