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martes, 29 de marzo de 2011

APRENDER Y RECTIFICAR

No hay experiencia sin precio.


Todo en la vida corresponde a cierto resultado.


Por eso mismo, conocemos en el mundo el verbo aprender y el verbo rectificar.


La escogencia determina el trabajo.

El trabajo mide las cualidades del espíritu.

Un hombre demandará un diploma universitario que le confiera derecho al ejercicio en esa o en aquella profesión liberal.

Con semejante designio, sin embargo, no alcanza la meta a costa de expectación y votos ardientes.

El programa a realizarse requiere estudio, con largos gastos de actividad y atención.

Años al hilo son gastados naturalmente en disciplina, hasta que el láureo le consagre la tarea.

Es eso aprender verdaderamente.

Pero, si el profesional abusa del título conquistado para herir a los demás, es justo que asuma compromisos ante la vida que solamente en la labor de la expiación conseguirá redimir.

Tenemos aquí el reajuste en acción, obligando a la criatura a una genuina rectificación.

Delante del sufrimiento, es imperioso olvidar la antigua noción del crimen y castigo, porque la evolución no aparece en el canal de la gratuitidad.

Rehacimiento es reequilibrio.

Toda educación pide renuncia y todo perfeccionamiento ruega servicio.

La paz verdadera nunca fue premio a la ociosidad.

Todas las grandes realizaciones claman por grandes luchas.

En razón de eso, si es cierto que resarciremos con más trabajo los beneficios de la vida de los que estemos abusando, es necesario que sepamos escoger, con determinación y firmeza, el camino del esfuerzo máximo en la exaltación del bien, a fin de que seamos considerados, ante la Ley, en la condición de operarios fieles al salario de la Eterna Luz.

Tomada del blog Dynamic 
Por el espírituEmmanuel
Texto tomado del: Libro "
NACER Y RENACER
".

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