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domingo, 1 de mayo de 2016

¿Por qué meditamos?: Gimnasia de la mente (I)

Por Paulo Coelho  

El Alquimista

Vivimos queriendo que todo cambie y al mismo tiempo luchamos para que todo continúe como está”.

Lawrence LeShan participaba en un congreso científico cuando reparó que un gran número de personas consideradas “racionales” practicaban meditación diaria. Intrigado, procuró saber la causa de aquella conducta, tan conflictiva con la práctica de la ciencia. A partir de ahí, LeShan comenzó a investigar los beneficios y las dudas del ejercicio diario de concentración, y el resultado fue un interesante libro titulado Cómo meditar.

Conclusiones del autor

La meditación no es una invención de un hombre, de una religión o de una escuela filosófica, sino la búsqueda del ser humano para encontrarse consigo mismo. En muchos lugares y en épocas distintas, investigadores de la condición humana han llegado a la conclusión de que utilizamos muy poco de nuestro potencial de vivir, expresarnos y participar.
Meditamos con el fin de encontrar, recuperar o retornar a una sabiduría y una felicidad que inconscientemente sabemos que poseemos, aun cuando los conflictos y desafíos de la existencia las hayan empujado hacia un rincón oscuro de nuestra cabeza. En la medida en que pasamos a concedernos un poco de tiempo de concentración diaria, descubrimos un nivel superior de conciencia, que nos coloca en armonía con el universo, con la familia y con nuestras actividades, incrementando nuestra capacidad de amar, entusiasmarnos o actuar de manera mucho más efectiva.
Comparando la meditación con la gimnasia, LeShan comenta: “Alguien venido de otra civilización podría considerar loco a un ser humano al que viera subir y bajar repetidamente una barra sujeta a varios kilos de plomo, o pedalear en una bicicleta que no se mueve de sitio, o caminar sobre una estera que circula bajo los pies; no obstante, la finalidad de estos ejercicios no es el plomo, la bicicleta o la estera, sino los efectos que estas actividades provocarán en el organismo de la persona que las ejecuta.
De la misma manera, sentarse inmóvil en un rincón, contar las respiraciones o concentrarse en algunos símbolos extraños, no es el objetivo de la meditación, sino solamente el proceso “físico” que despertará un nuevo estado de conciencia.
Yendo más allá en la comparación con la gimnasia, LeShan afirma que el gran número de fracasos en las escuelas de meditación se debe al hecho de que los profesores, de cierta manera, intentan imponer un modelo único a sus alumnos. Si respetasen el ejemplo de los profesores de gimnasia, que saben que a cada uno corresponde una serie diferente de ejercicios físicos, tendrían muchas más posibilidades de alcanzar sus objetivos.
Un ser humano normal tiende a repetir la misma conducta, y a esa repetición la llamamos “rutina”. Así, él pasa a funcionar como una máquina, perdiendo poco a poco sus emociones y sentimientos; aun cuando sufra mucho porque su vida es siempre igual, esta repetición diaria de sus actividades le da la sensación (irreal) de que tiene absoluto control de su universo. Cuando la rutina es amenazada por un factor externo, el hombre entra en pánico, porque no sabe si será capaz de enfrentar las nuevas condiciones.
O sea: vivimos queriendo que todo cambie y al mismo tiempo luchamos para que todo continúe como está.
Aun cuando las técnicas de meditación hayan sido desarrolladas o promovidas por individuos que se autodenominan “místicos”, ellas no están necesariamente vinculadas a la búsqueda de la espiritualidad, sino al encuentro de la paz interior. (Continúa la semana próxima). (O)

Crédito de foto: @paulocoelho
Texto retirado de: La Revista

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