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miércoles, 1 de septiembre de 2010

EN LOS CÍRCULOS DE LA MATERIA

5- EN LOS CÍRCULOS DE LA MATERIA
A medida que supera los acontecimientos vulgares que signan su trajinar en la carne, el Espíritu se reconoce en la condición de internado dentro de los círculos de la materia, que a la vez constituyen sencillamente, el conjunto de las vidas que puede ser examinado por nuestra capacidad de apreciación.

En sus múltiples estados, la materia es energía condensada dentro de extensas fajas dinámicas, que conserva la identidad mental de los diferentes tipos por los que transitó en su largo derrotero evolutivo.

Cuerpos sólidos, líquidos, gaseosos, fluidos densos y radiantes, energías sutiles, rayos de variadas especies y poderes ocultos, tejen la red dentro de la cual nuestra conciencia se desenvuelve para expandirse hacia la gloriosa inmortalidad.

Dentro del gran imperio de las existencias microscópicas, el hombre es un genio divino en proceso de perfeccionamiento o un ángel por nacer, y en ese ámbito es esclavo natural de los ordenamientos superiores y legítimo amo de las potencias menores.

En torno de él todo es movimiento, transformación y renovación. En el seno multiforme de la naturaleza en el que se agita, todo se modifica al embate turbulento de las energías que favorecen su experiencia y ascensión.

A pesar del orden reinante entre los elementos infrainfinitesimales, todo allí se deshace y rehace sin cesar, ofreciendo al Espíritu fases importantes de materialización y desmaterialización, dentro de las leyes sistemáticas que funcionan en igualdad de condiciones para todos.

Pero más allá de los elementos químicos analizados entre el hidrógeno y el uranio, que se agrupan en el Planeta mediante infinitas combinaciones, yacen las líneas de fuerza del mundo subatómico que son generadas por los potenciales eléctricos y magnéticos que rigen todos los fenómenos de la vida. Y detrás de esas líneas positivas, neutras o negativas que constituyen la materia, verdadero conglomerado de sistemas solares microscópicos y de nebulosas infinitesimales, permanece el pensamiento que todo lo crea, renueva y destruye para volver a construir.

La energía mental es el fermento vivo que improvisa, altera, constriñe, dilata, asimila, desasimila, integra, pulveriza o recompone la materia en cualquier dimensión.

Por eso mismo somos lo que determinamos, poseemos lo que deseamos, estamos donde preferimos y encontramos la victoria, la derrota o el estancamiento, según imaginamos.

La historia de la Creación, en el libro de Moisés, al concebir al Señor ante el abismo, simboliza la fuerza de la mente ante el cosmos.

"Hágase la luz -determinó la Divina Voluntad y la luz se hizo sobre las tinieblas".

De igual forma, nosotros proclamamos cada día, con ideas, actitudes, palabras y actos:
"¡Hágase el destino!". Y la vida nos proporciona aquello que le reclamamos.

Los acontecimientos obedecen a nuestras intenciones o provocaciones, sean manifiestas u ocultas.

Habremos de encontrar lo que merecemos, porque merecemos lo que buscamos.

La existencia será pues, para nosotros, en cualquier parte, invariablemente según pensamos.

Pintura de: Katelyn Alain, tomada del blog Women Painting Women

Por el espíritu: Emmanuel
Texto retirado del: Libro "DERROTERO".

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