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martes, 1 de noviembre de 2011

El obrero del Señor

Cada criatura vive espiritualmente en la siembra en la que se perfecciona. 
Es así que, si el justo consigue premios de la rectitud, el delincuente, en cualquier parte, recoge los frutos del crimen. 
El obrero del Señor, por eso mismo, es conocido donde surja por trazos esenciales. 
No medita en su interés. 
No exige cooperación para hacer el bien. 
No crea problemas. 
No piensa mal. 
No cobra tributos de gratitud. 
No trama emboscadas. 
No convierte el servicio en fardo insoportable en los hombros del compañero. 
No transforma la verdad en cuchilla de fuego en el pecho de los semejantes. 
No reclama santidad en los otros, para ser útil. 
No controla la moneda que da. 
No espía los errores del prójimo.

No promueve el examen de las conciencias ajenas. 
No se cansa de auxiliar. 
No hace huelga por notarse desatendido. 
No desconoce sus flaquezas. 
No cultiva espinos de intolerancia. 
No hace colección de quejas. 
No pierde tiempo en luchas innecesarias. 
No tiene la boca untada con veneno. 
No siente cóleras sagradas. 
No levanta monumentos al derrotismo. 
No se impacienta. 
No se exhibe. 
No acusa. 
No critica. 
No se llena de soberbia. 
Entretanto, frecuentemente aparece en la Siembra Divina quien condene a los otros y se ilusione a sí mismo, suponiéndose en posesión de imaginaria dominación. 

El obrero del Señor, sin embargo, encarnado o desencarnado, en cualquier senda de educación y en cualquier campo religioso, sigue al frente ayudando y comprendiendo, perdonando y sirviendo, para cumplir en todo la sacrosanta Voluntad. 

Dictado por el espíritu Emmanuel
Extraído del libro "Religión  de los Espíritus"

Pintura de: Chris Hosmer
Tomada del blog Recogedor 

Texto retirado deLuz Espiritual


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