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miércoles, 16 de noviembre de 2011

Responsabilidad y destino

El Creador, que establece el bien de todos como ley para todas las criaturas, no crea Espíritu alguno para el ejercicio del mal. La criatura, sin embargo, en la Tierra o fuera de la Tierra, según el principio de responsabilidad, al desviarse del bien genera el mal por fecundación pasajera de la ignorancia que ella misma, atendiendo a los dictámenes de la conciencia, extirpará de su propio camino en tantas existencias de bendecida reparación como se hicieren indispensables.
Dios concede al hombre los agentes de la nitroglicerina y de la arena y le inspira la formación de la dinamita, como sustancia explosiva capaz de auxiliarlo en la construcción de carreteras y viviendas, pero el artífice del progreso, casi siempre, abusa del privilegio para arrasar o herir, adquiriendo deudas clamorosas en siembras de odio y destrucción; le presta la morfina como alcaloide beneficioso a fin de calmarle el dolor, sin embargo, enfermo amparado, en muchas ocasiones se mofa del socorro divino transformándolo en corrosivo estupefaciente de las propias fuerzas con que perjudica las funciones de su cuerpo espiritual en anchas fajas de tiempo; lo galardona con el hierro como elemento químico flexible y tenaz para ayudarlo en la industria y en el arte, sin embargo, el siervo de la experiencia en muchas circunstancias lo convierte en el instrumento de la muerte, a desajustarse en compromisos ocultos que le reclaman agonía y sudor en siglos numerosos; le da el oro como metal noble susceptible de enriquecerle el trabajo y desarrollarle la cultura, pero el mayordomo de la posesión en él talla, frecuentemente, el grillete de avaricia y miseria en que se humilla a sí mismo; y le confiere la onda radiofónica para los servicios de la verdadera fraternidad entre los pueblos, pero el orientador del intercambio, a veces, en ella transmite notas macabras en que promueve el aniquilamiento de poblaciones indefensas, agravándose en débitos aflictivos para el futuro.
Es así que el Supremo Señor nos cede los dones inefables de la vida, como son las bendiciones del cuerpo y del alma y los tesoros del amor y de la inteligencia. Del uso feliz o infeliz de semejantes talentos resultan para nosotros victoria o derrota, felicidad o infortunio, salud o molestia, armonía o desequilibrio, avance o retraso en los caminos de la evolución.
Examínate, pues, a ti mismo y encontrarás la extensión y la naturaleza de tu deuda por la prueba que te busca o por la tentación que padeces, porque el bien vierte puro de Dios, mientras que el mal es obra que nos pertenece -transitorio fantasma de rebeldía e ilusión que creamos ante las leyes del destino, por cuenta propia.

Dictado por el espíritu Emmanuel
Extraído del libro "Religión  de los Espíritus"

Pintura de: Sandro De La Rosa
Tomada del blog Recogedor 

Texto retirado deLuz Espiritual


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