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martes, 29 de noviembre de 2011

Unión

Compadécete y ayuda, a fin de que puedas servir en la unión para el bien.
Si no fuese por la bondad del labrador que ampara la semilla seca, no recibirías en la mesa el bienestar del pan.
Si no fuese por el trabajo del operario que asienta ladrillo por ladrillo, no dispondrías de seguridad en la base de tu propio hogar.
Eso sucede en los elementos más simples.

Repara, sin embargo, en la actitud de la vida para que nadie falte a la comunión del progreso.
No condena al paralítico para que no ande.
Da silla de ruedas.
No malinterpreta los ojos enfermos.
Bruñe lentes protectoras.
No relega a los mutilados a su propia suerte.
Hace recursos mecánicos.
No se revuelve contra los ignorantes que le tuercen las directrices.
Enciende la luz de la escuela.
No aniquila a los locos que le injurian las leyes.
Los acoge generosamente en el regazo del hospicio.


Imitando el sentimiento de la vida, seamos unos para otros, cuando sea necesario, la muleta y el remedio.
Olvidemos los defectos del prójimo en la certeza de que todos nos encontramos bajo el mazo de las horas, en el yunque de la experiencia.
Tolerancia es la base de la unión ideal.
Y sólo la unión hace la fuerza.
Sin embargo, hay fuerza y fuerza.
Se reúnen millones de gotas y crean la fuente.
Se congregan millones de chispas y forman el incendio.
Piensa un poco y entenderás que es siempre muy fácil juntar los intereses de la Tierra y hacer la unión para el bien de la fuerza, pero sólo atesorando las cualidades de Cristo en la propia alma es como nos será posible, en verdad, hacer la unión para la fuerza del bien.


Dictado por el espíritu Emmanuel

Pintura de: Oriol Angrill Jordà
Tomada del blog Recogedor 

Texto retirado deLuz Espiritual


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