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domingo, 12 de julio de 2009

El guerrero de la luz y su mundo

Por Paulo Coelho 
El Alquimista

Los guerreros de la luz mantienen el brillo en los ojos. Están en el mundo, forman parte de la vida de otras personas y  comenzaron su jornada sin alforja y sin sandalias. Muchas veces son cobardes. No siempre actúan correctamente.

Los guerreros de la luz sufren por cosas inútiles, tienen actitudes mezquinas y a veces se consideran incapaces de crecer. Frecuentemente se consideran indignos de cualquier bendición o milagro.

Los guerreros de la luz no siempre tienen la certeza de qué están haciendo aquí. Muchas veces pasan noches en vela, pensando que sus vidas no tienen sentido.

Por eso son guerreros de la luz. Porque se equivocan. Porque se preguntan. Porque buscan una razón y con seguridad terminarán encontrándola.

Usando la locura a su favor
Un guerrero de la luz estudia con mucho cuidado la posición que pretende conquistar.

Por más difícil que sea su objetivo, siempre existe una manera de superar obstáculos. Él verifica los caminos alternativos, afila su espada y procura llenar su corazón de la perseverancia necesaria para enfrentar el desafío.

Pero, a medida que avanza, el guerrero se da cuenta de que existen dificultades con las que no contaba.

Si se queda esperando el momento ideal, nunca saldrá del lugar; ve que será preciso un poco de locura para dar el próximo paso.

El guerrero usa un poco de locura. Porque, en la guerra y en el amor, no es posible prever todo.

Aceptando la soledad de la lucha
El guerrero de la luz sabe que nadie es tonto, y que la vida enseña a todos, aun cuando tarde algún tiempo.

Entonces él trata a su prójimo de acuerdo con sus cualidades, y procura mostrar a  todos de cuánto es capaz cada uno.

Algunos compañeros comentan: “existen personas ingratas”.

El guerrero no se  deja impresionar por esto. Y continúa estimulando a los otros, porque es una manera de estimularse a sí mismo.

Utilizando la energía
El guerrero de la luz sabe que  es imposible vivir en un estado de completa relajación.

Aprendió con el arquero que para disparar su saeta a distancia es preciso mantener el arco bien estirado. Aprendió con las estrellas que solo la explosión interior permite su brillo. El guerrero observa que el caballo en el momento de vencer un obstáculo contrae todos sus músculos.

Pero él jamás confunde tensión con nerviosismo.

Texto retirado de: http://www.eluniverso.com/

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