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domingo, 26 de julio de 2009

Entendiendo al río

Por Paulo Coelho 
El Alquimista

Acabo de publicar el libro Ser como un río que fluye (Editorial Agir), título inspirado en un poema de Manuel Bandeira. “Un río nunca pasa dos veces por el mismo sitio”, dice un filósofo. “La vida es como un río”, dice otro filósofo, y así acabamos llegando a la conclusión de que esta es la metáfora que más se aproxima al sentido de la vida. Por lo tanto, es bueno recordar siempre que:

A] Siempre estamos delante de la primera vez. Mientras nos movamos desde nuestra fuente (el nacimiento) hacia nuestro destino (la muerte), los paisajes serán siempre nuevos. Debemos enfrentar todas estas novedades con alegría y no con miedo, ya que es inútil temer lo que no se puede evitar. Un río no deja de correr jamás. 

B] En un valle andamos más lentamente. Cuando todo a nuestro alrededor  es más fácil, las aguas se vuelven más tranquilas,  somos más amplios, más generosos. 

C] Nuestros márgenes siempre son fértiles. La vegetación solo nace donde existe el agua. Quien entra en contacto con nosotros, necesita entender que estamos allí para dar de beber a quien tiene sed. 

D] Las piedras han de ser contornadas. Es evidente que el agua es más fuerte que el granito, pero para comprobarlo hace falta tiempo. De nada sirve dejarse dominar por obstáculos más fuertes o tratar de chocar contra ellos: gastaremos nuestra energía para nada. Es mejor tratar de entender dónde se encuentra la salida y seguir adelante.

E] Las depresiones necesitan paciencia. De repente, el río entra en una especie de agujero y deja de correr con la alegría de antes. En estos momentos, la única manera de salir es contando con la ayuda del tiempo. Cuando llegue el momento adecuado, la depresión se llenará de agua y el río podrá seguir adelante. En el lugar donde había un agujero negro y sin vida, ahora existe un lago, que otros pueden contemplar con alegría. 

F] Somos únicos. Nacemos en un lugar que nos estaba destinado, que nos mantendrá siempre lo bastante provistos de agua como para que, frente a obstáculos o depresiones, podamos tener la paciencia o la fuerza necesarias para seguir adelante. Nuestro curso comienza suave, frágil, de manera que hasta una simple hoja puede detenernos. 

Mientras tanto, como respetamos el misterio de la fuente que nos engendró y confiamos en su eterna sabiduría, poco a poco vamos ganando todo lo que nos es necesario para recorrer nuestro camino.

G] Aunque seamos únicos, en breve seremos muchos. A medida que caminamos, las aguas de otras fuentes se aproximan, porque aquel es el mejor camino para seguir. Entonces ya no somos apenas uno, sino muchos y hay un momento en que nos sentimos perdidos. No obstante, como dice la Biblia: “todos los ríos corren hacia el mar”. 

Es imposible permanecer en nuestra soledad, por más romántica que esta nos parezca. Cuando aceptamos el inevitable encuentro con otros cursos de agua, acabamos entendiendo que eso nos hace mucho más fuertes, rodeamos los obstáculos  y llenamos las depresiones en mucho menos tiempo y con mayor facilidad.

H] Somos un medio de transporte. De hojas, de barcos de ideas. Que nuestras aguas sean siempre generosas, que podamos llevar siempre adelante todas las cosas o personas que necesiten de nuestra ayuda.

I] Somos una fuente de inspiración. Por lo tanto, dejemos a un poeta brasileño, Manuel Bandeira, las palabras finales: “Ser como un río que fluye/ Silencioso en  medio de la noche/ Sin miedo a la oscuridad./ Si hay estrellas en el cielo, reflejarlas./ Y si el cielo se llena de nubes/ Como el río las nubes son aguas/ Reflejarlas también sin tristeza En las profundidades tranquilas”.

Texto retirado de: http://www.eluniverso.com/

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