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miércoles, 6 de octubre de 2010

EL MENSAJE CRISTIANO

13-EL MENSAJE CRISTIANO

La enseñanza de Jesús no se reviste de fórmulas complicadas.
Aunque guardara el debido respeto a todas las escuelas de revelación de la fe y a sus colegios iniciáticos, notamos que el Señor desciende de lo Alto a fin de liberar al templo que es el corazón humano, para conducirlo a la sublimidad del amor y la luz, a través de la fraternidad, el amor y el conocimiento.


Para eso el Maestro no exige que los hombres se hagan héroes o santos de un día para el otro. No pide que sus seguidores practiquen milagros ni les reclama lo imposible.


Su palabra está dirigida a la vida común, a los niveles más simples del sentimiento, a la lucha ordinaria y a las experiencias de cada día.


Al contrario que todos los mentores de la Humanidad, que hasta entonces vivieron entre misterios religiosos y dominaciones políticas, con vive con la masa popular e invita a las criaturas a erigir un santuario al Señor dentro de sus corazones.


Ama a Dios, Nuestro Padre - enseñaba El - con toda tu alma, con todo tu corazón y con todo tu entendimiento.


Ama al prójimo como a ti mismo.
Perdona a tu semejante cuantas veces sean necesarias.
Da sin esperar retribución.
Ora por los que te persiguen y calumnian.
Ayuda a tus adversarios.
No condenes para que no seas condenado.
A quien te pida la capa dale también la túnica.
Si alguien te pide que lo acompañes en una jornada de mil pasos, sigue con él dos mil.
No pretendas el primer lugar en las asambleas para que la vanidad no tiente a tu corazón.
El que se humilla será exaltado.
Al que te golpee en una mejilla, ofrécele también la otra.
Bendice a quien te maldice.
Libera y serás liberado.
Da y recibirás.
Sé misericordioso.
Haz el bien a quien te odia.
Cualquiera que perdiere su vida por amor al apostolado de la redención, habrá de guardarla más perfecta en la gloria de la eternidad.


Resplandezca tu luz.
Ten buen ánimo.
Deja a los muertos la preocupación de enterrar a sus propios muertos.
Si pretendes encontrarme en la luz de la resurrección, ¡Niégate a ti mismo, regocíjate bajo el peso de la cruz de tus deberes y sigue mis pasos en el calvario de sudor y sacrificio, que precede a los júbilos de la aurora divina!


Y ante ese llamado, desde hace veinte siglos, gradualmente, ¡Se van callando las voces que claman venganza y agravio!... Y la palabra de Cristo, por encima de edictos y autoridades, decretos y encíclicas, se eleva e intensifica cada vez más en la acústica del mundo, preparando a los hombres y a la vida para la soberanía del Amor Universal.
Pintura de: Tara Juneau, tomada del blog WOMEN PAINTING WOMEN

Por el espíritu: Emmanuel
Texto retirado del: Libro "DERROTERO".

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