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miércoles, 20 de octubre de 2010

EVANGELIO Y TRABAJO


17- EVANGELIO Y TRABAJO
La glorificación del trabajo es un servicio que ha venido cumpliendo el Evangelio.

Con anterioridad a la influencia del Maestro, la Tierra era un vasto latifundio poblado por amos y esclavos.

El servicio era considerado deshonra.
Dominadas por el principio de la fuerza, las naciones conservaban enorme semejanza con los agrupamientos de la comunidad primitiva.

La notoriedad social provenía de la caza.
Los tronos se erguían, casi siempre, sobre oscuros cimientos de pillaje.
Los favores de la vida pertenecían a los más astutos y a los más poderosos.

Cualquier revés económico redundaba en cautiverio compulsivo.

El trabajo era sinónimo de envilecimiento.
Los espíritus más nobles, la mayoría de las veces, permanecían en absoluta dependencia, sudando y gimiendo para sostener el carro purpúreo de los opresores.

En todas las ciudades pululaban los esclavos de todos los matices, y tan sólo a ellos se les confería el deber de servir como severo castigo.

La Roma imperial estaba repleta de cautivos tomados a Egipto y a Grecia, a la Galia y al Ponto. Tan sólo en la revolución de Espartaco, en el año 71 antes de la era cristiana, fueron condenados a muerte en la Vía Apia, 30.000 esclavos cuya única falta era la de aspirar al trabajo digno en libertad edificante.

Con Jesús, sin embargo, surge una nueva época para el mundo.
El ministerio del Señor es, sobre todo, de acción y movimiento.

Se levanta el Maestro al alba y se entrega al bien de los semejantes hasta muy entrada la noche.

Médico- no descansa en el auxilio efectivo a los enfermos.
Profesor-no se fatiga con la repetición de las lecciones.
Juez - ejemplifica la imparcialidad y la tolerancia.
Bienhechor- esparce sin cesar las bendiciones del amor infinito.
Sabio-coloca a la ciencia del bien al alcance de todos.
Abogado-defiende los intereses de los débiles y de los humildes.
Trabajador divino-sirve a todos sin reclamos y sin esperar recompensa.
El ejemplo de Cristo es sublime y contagioso.

Cada compañero de apostolado se aparta luego de la comodidad, para ayudar en su nombre a abrir horizontes más amplios a la comprensión de la vida, en regiones distantes de la cuna que los viera nacer

Más tarde en Roma, el deseo de ayuda mutua entre los cristianos alcanza realizaciones inconcebibles en el capítulo del trabajo.

Personas convertidas al Evangelio se consagran por entero al servicio, con el objeto de amparar a los compañeros necesitados.

Los aprendices de la Buena Nueva se esparcen en las actividades de la industria y la agricultura, de las artes y las ciencias, de la instrucción y el comercio, de la asistencia y la limpieza pública, disputando medios para el auxilio a los socios del ideal, en la servidumbre o en la indigencia, en el sufrimiento o en las prisiones. Hay quien ayuna durante dos o tres días seguidos, a fin de economizar dinero para los servicios de asistencia al prójimo, bajo la dirección de un pastor.

El trabajo pasa entonces a ser interpretado como bendición divina.
Paulo de Tarso, cuando se traslada de la dignidad del Sanedrín a la ruda labor del telar y confecciona tapices para no ser carga de nadie, a fin de garantizar de esa manera su libertad de palabra y de acción, es el símbolo del cristiano que educa y realiza, a la vez que demuestra que a la pureza de la enseñanza debe aliarse la gloria del ejemplo.

Y honrando hasta hoy, en el trabajo digno a su principal norma de acción, el
Cristianismo es la fuerza liberadora de la Humanidad, en todos los rincones del mundo.

Pintura de: Steven J. Levin, tomada del blog Realismo en la pintura 

Por el espíritu: Emmanuel
Texto retirado del: Libro "DERROTERO".

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