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viernes, 29 de octubre de 2010

EVANGELIO Y DINAMISMO

20- EVANGELIO Y DINAMISMO
Desde los orígenes de la organización religiosa en el mundo, ha habido quien estime la vida absolutamente contemplativa como introducción imprescindible a las alegrías celestiales.

Obstinado en semejante actitud, el creyente busca lugares yermos, como si la soledad fuese sinónimo de santidad.

¿Podrá, no obstante, el diamante fulgurar en el escaparate de la belleza si huye del lapidador que es el que le otorga valor?
Con Cristo no vemos la idea de reposo infructífero como preparación para el Cielo.
No elude el Maestro el contacto con la lucha común.

La Buena Nueva en su corazón, en su verbo y en sus brazos es esencialmente dinámica.
No se contenta con que lo busquen para mitigar el sufrimiento y socorrer a la aflicción.
Va Él mismo al encuentro de las necesidades ajenas, sin alardear petulancia.
Instruye al alma del pueblo en pleno campo, dando a entender que cualquier lugar es sagrado para la Divina Manifestación.

No adopta actitudes especiales para impresionar a los dolientes a los que recibe.
En la plaza pública limpia a los leprosos y devuelve la visión a los ciegos.
En las márgenes del lago, entre pescadores, cura a paralíticos.
En medio de la multitud adoctrina entidades de la sombra, para devolver el equilibrio a obsesos y poseídos.

Mateo, en el capítulo 9, versículo 35 informa que Jesús "recorría todas las ciudades y aldeas enseñando en los templos que encontraba, pregonando el Evangelio del Reino y curando todas las enfermedades que asediaban al pueblo".

En ninguna ocasión lo encontramos inactivo.
Cuando se dirige al monte o al desierto para orar, lo que pretende no es la fuga, sino la renovación de energías para poder consagrarse, más intensamente, a la actividad.

Con seguridad, para exaltar los méritos del Reino de Dios no se manifiesta como un vulgar pregonero ambulante, sino que ratifica invariablemente su disposición para servir.
Cortés, presta asistencia a la suegra de Pedro y visita, afectuosamente, la casa de Levi el publicano, quien le ofrece un banquete.

No impone condiciones para desempeñarse en la misión de bondad que lo retiene junto a las criaturas.
No usa vestiduras especiales para llegar a un acuerdo con María de Magdala, ni se enclaustra en prejuicios de religión o de raza para dejar de atender a los infelices dolientes.

Sea donde fuere, sin subestimar los valores del Cielo, ayuda, esclarece, ampara y salva.
Con el Evangelio se establece entre los hombres el culto de la verdadera fraternidad.
El Poder Divino no permanece encerrado en la simbología de los templos de piedra.
Se libera.
Vuelve hacia la esfera pública.
Camina al encuentro de la necesidad y la ignorancia, del dolor y la miseria.
Abraza a los desventurados y levanta a los caídos.
Nunca más la tiranía de Baal ni el favoritismo de Júpiter, sino Dios, el Padre, que a través de Jesucristo inicia en la Tierra el servicio de la fe renovadora y dinámica, que es éxtasis y confianza al mismo tiempo que comprensión y caridad, para orientar la ascensión del espíritu humano hacia la Luz Universal.

Pintura de: Wlodzimierz Kuklinski, tomada de la website Artbreak

Por el espíritu: Emmanuel


Texto retirado del: Libro "DERROTERO".

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